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Columnistas
Viernes 17 de octubre de 2025 - 01:00 AM

De espectadoras a protagonistas

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Durante décadas, la política colombiana ha sido un escenario donde las mujeres han participado más como espectadoras que como protagonistas. Aumentar la participación femenina en la política no es solo una cuestión de equidad, sino una condición esencial para fortalecer la democracia y construir una sociedad más justa e incluyente. Las mujeres aportan una visión más integral y empática sobre los asuntos sociales, económicos y ambientales, y su liderazgo suele orientarse hacia la cooperación, la transparencia y la defensa de los derechos humanos.

La historia reciente demuestra que cuando las mujeres asumen cargos de poder, los temas antes relegados —como la ética y moral, educación, salud, equidad de género o la protección del medio ambiente— ganan protagonismo en la agenda pública. No obstante, no todas las mujeres en la política representan ese cambio.

No son ejemplo aquellas que hoy, desde el poder, o en los cargos de la administración pública nacional o las cámaras han permitido el maltrato o han renunciado a sus convicciones por dadivas, conveniencia o prebendas. Los verdaderos referentes son aquellas líderes que, con pensamiento crítico y carácter firme, defienden principios éticos y demuestran que la política también puede ejercerse con dignidad, coherencia y propósito.

En el contexto de Santander, este llamado adquiere un valor particular. El departamento, reconocido por su dinamismo económico y su espíritu emprendedor, cuenta con mujeres valiosas en los campos académico, social y empresarial. Sin embargo, su presencia en la toma de decisiones políticas sigue siendo reducida. Son pocas las que han ocupado alcaldías, curules o diputaciones, y muchas veces su participación se limita a roles secundarios.

Impulsar su liderazgo ampliaría la representación democrática y abriría paso a políticas públicas más justas, inclusivas y sostenibles.

Además, fortalecer la presencia femenina en la política colombiana y santandereana dará paso a abordar con mayor sensibilidad problemas estructurales como la desigualdad laboral, la violencia de género o la exclusión social. Las mujeres líderes, por su cercanía con las comunidades, tienden a priorizar programas estratégicos que benefician a las poblaciones indistintamente donde estén ubicadas. Su inclusión activa en los espacios de poder y de gobierno significa apostar por una gestión pública más humana, participativa y centrada en el bienestar colectivo.

Colombia y Santander necesitan más mujeres en la política, no por una cuestión de cuotas ni de corrección política, sino porque su participación es vital para una democracia auténticamente representativa. La transformación social requiere liderazgos femeninos capaces de inspirar, innovar y construir consensos. Darles espacio no es un favor, sino una inversión en el futuro democrático y sostenible de la nación. Ha llegado la hora de tomar decisiones votando por mujeres que asuman con firmeza, su papel de verdaderas protagonistas del cambio por eso la política merece rostro de mujer, pasando de ser espectadoras a protagonistas.

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