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Miércoles 22 de octubre de 2025 - 01:00 AM

El arte de encontrar luz en la oscuridad

Reflexiones sobre el cuidado paliativo y la mirada compasiva

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Elizabeth Kübler-Ross, en su maravilloso libro La rueda de la vida, nos regala una historia que encarna uno de los principios más profundos del cuidado paliativo: la capacidad de encontrar sentido, incluso en medio del dolor.

Recién pensionada, en la década de los 80, Kübler-Ross se mudó a una casa campestre en las Carolinas, Estados Unidos. Era el inicio de la pandemia del sida, y en un acto de amor radical, decidió adoptar a dos niños que padecían la enfermedad. En aquella época, aún no se conocía con claridad la forma de transmisión ni existían tratamientos efectivos. El miedo era palpable. Sus vecinos, presas del pánico, incendiaron su casa. Al regresar, encontró su hogar en llamas, con todas sus pertenencias y recuerdos reducidos a cenizas.

Ella, que había dedicado su vida a acompañar pacientes en el final de la vida, se enfrentó entonces a su propia pérdida. Y aunque le tomó semanas, logró hacer lo que enseñaba: encontrar algo positivo en medio de una tragedia. Porque toda situación tiene dos caras, y es decisión de cada uno cuál desea mirar.

Recuerdo que durante mi formación, al lado de mi querido mentor el Dr. Pedro Bejarano, él nos repetía una frase que aún llevo conmigo: “El paciente debe salir más contento de lo que llegó.” Lo decía incluso después de dar tres o cuatro noticias devastadoras: “Tu cáncer ha crecido”, “La cirugía ya no es una opción”, “La quimioterapia y la radioterapia tampoco”. Y sin embargo, tenía el don de encontrar una luz entre tanta sombra. “Ya no será necesario colocarte esos medicamentos que tanto malestar te causaban”, decía, o “Tu cabello ya no se caerá más”.

Siempre he creído que uno de los secretos de la felicidad es desarrollar esa capacidad: encontrar lo positivo en la mayor cantidad de cosas que nos suceden. A veces es un arte, otras veces una disciplina. Pero en estos tiempos de inmediatez y ruido, se nos dificulta hallar las palabras que alivian.

Por eso, recomiendo a mis estudiantes —y ahora a mis lectores— ejercitar esa mirada compasiva. Empezar por las pequeñas cosas, y poco a poco, aplicarla a las más grandes. Porque el cuidado paliativo no es solo una especialidad médica: es una forma de ver la vida, de acompañar el sufrimiento, y de encontrar belleza incluso en el final.

La esperanza no siempre cura, pero siempre consuela. Y a veces, eso basta.

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