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Viernes 07 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

“Tropeleros”

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Sabíamos que iba a suceder. Llegó el 31 de octubre y la turbamulta de motociclistas volvió a tomarse las calles de la ciudad. El caos que armaron fue inmisericorde. No valieron las amenazas ni los controles que anunciaron las autoridades. Con razón la llaman “La rodada del terror”.

“No vamos a permitir desborde de la ley, vandalismo o anarquía”, anunció, orondo, el recién posesionado alcalde designado de Bucaramanga. Para controlar el ruido, el desorden y las conductas que pusieran en riesgo a la ciudadanía, dijeron, desplegaron más de 3.500 hombres de la Policía, el Ejército y demás autoridades por las ciudades que conforman el Área Metropolitana. ¡No sirvió de nada!

Pasó lo que todos sabíamos que iba a pasar. El descontrol, la anarquía, el desmadre. La advertencia se quedó en eso. La horda de desadaptados, porque no merecen otro calificativo, impuso el terror y el caos en las calles. “Siniestros viales, infracciones de todo tipo en plena vía pública, agresiones… escándalos hasta avanzadas horas de la noche y la madrugada…” resumió José Luis Pineda en el informe que publicó el periódico dos días después de la barahúnda.

Pero para el recién posesionado secretario del interior de Bucaramanga el balance de la jornada fue satisfactorio. “En comparación con el año pasado solo acudió un 30% de motorizados”, señaló. ¡Bendito Dios que no participaron más!, ¿se imaginan? Pero no se quedó en eso. “Se inmovilizaron 65 motos y un automóvil. En total se hicieron 85 comparendos”. En Floridablanca fueron igual de “implacables”. El director de tránsito indicó que impusieron 50 comparendos e inmovilizaron 21 motocicletas.

Hay quienes claman por la prohibición total de ese tipo de conductas, pero la problemática no es tan fácil de resolver.

En Bogotá, precisamente para evitar el descontrol de los motociclistas durante la celebración del Halloween, bastó que el alcalde anunciara que durante el fin de semana no podrían circular motos con parrillero ni en algunos corredores viales, en determinados horarios, para que los “angelitos”, literalmente, se tomaran y paralizaran la ciudad.

El jueves la situación fue desastrosa. Más de un millón de usuarios del sistema de transporte público se vieron afectados. Uno de los líderes del gremio de motociclistas de la capital lanzó una amenaza y la cumplió: “métanse con nosotros y verán”, dijo.

La tropelía debe parar. En Bucaramanga se sabe que todos los jueves y todos los 31 de octubre los motociclistas invitan a rodar en grupo. Las autoridades, más que a la represión, deberían apostarle a la prevención, al diálogo y a la concertación para lograr que esa actividad deje de causar tanto impacto negativo. Deberían intentarlo. De pronto les suena la flauta y no vuelven a quedar como un chocato.

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