Con euforia y expectativa recibimos la noticia de la financiación por parte de la Nación de la planta de tratamiento de aguas residuales del rio de Oro, por valor aproximado de 1,3 billones de pesos. Para tener un orden de magnitud sería una suma superior al aporte de la Nación en Metrolínea o el equivalente a 4 veces el empréstito que solicitó el gobierno municipal. Con esta obra los municipios de Bucaramanga, Floridablanca y Girón tratarán responsablemente sus aguas residuales y los habitantes sobre la ribera del rio Lebrija tendrán una vida más sana, al tiempo que la central hidroeléctrica de Palmas reducirá los sólidos contaminantes que la colmatan, se mejorará la fauna y la vida en esa fuente hídrica. Y si vamos más allá, se beneficia el rio Magdalena y medio país. No es un tema de bajo impacto y es relevante que no se esté pidiendo contrapartida local.
Esta gestión inicial merece un aplauso de pie, porque si bien se había incluido en el Plan de Desarrollo Nacional éramos escépticos frente al avance tan significativo en un documento CONPES con aval fiscal otorgado por el CONFIS.
Sé que todas estas siglas y documentos parecen un galimatías aburrido, pero son procesos que hay que cumplir para que los recursos de la Nación lleguen a las regiones y que la inversión de estas grandes obras necesarias y postergadas, no la paguemos los usuarios. Este primer paso se logró, e insisto en reconocer y exaltar la labor del equipo directivo de EMPAS que hizo la gestión, por lo que invito ahora a rodearlos y acompañar las siguientes etapas, empezando por la suscripción del convenio con el Gobierno Nacional que definirá los desembolsos y las reglas de ejecución.
Alguien me dijo que un CONPES es como una caja de regalo muy bien empacada pero que solo contiene papel y que mi alegría por esta noticia podría ser similar a la que sentimos con la Ley 400 años de Bucaramanga que prometía 10 billones que nunca vimos. Eso dependerá de la decisión que tomemos: Unirnos o descalificar los logros de los demás. Se requiere el trabajo mancomunado de la clase política regional y la capacidad de un ejecutor responsable que genere confianza al próximo gobierno, para que se honre la oferta en el presupuesto 2027 y siguientes. Son muchos los temas por definir, como la liberación del predio donde se ubicará la planta -hoy ocupado por la famosa invasión “La Bendición”-, la definición del sistema de contratación más adecuado, la capacidad técnica y financiera de contratante y contratista, la validación del diseño… pero gracias a la gestión realizada, este es un proyecto estratégico nacional y es nuestro reto hacerlo realidad.












