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Sábado 29 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Agenda del agua para un territorio con sed

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El 27 de noviembre, Prosantander socializó un propósito que, si se toma en serio, podría marcar un punto de inflexión en la forma como imaginamos el desarrollo de nuestro departamento: la construcción de la Agenda Estratégica del Agua, una iniciativa pública-privada alrededor del agua. El agua es la base de nuestra agricultura, de nuestra salud, de nuestros ecosistemas, de la vida misma en nuestras provincias; y, sin embargo, durante décadas la hemos administrado más como un recurso silencioso que como un bien común frágil y estratégico.

La propuesta socializada por Prosantander abre una oportunidad para corregir ese rumbo. Lo que allí se planteó —gestión integrada del recurso hídrico, recuperación de cuencas, vigilancia de acuíferos, educación ambiental, gobernanza basada en la participación y la evidencia— no es una lista de deseos, sino la columna vertebral de un departamento que asume el agua como uno de sus principales activos. Es también un llamado a la coordinación institucional para dejar atrás la lógica de proyectos aislados, esfuerzos desarticulados y reacciones tardías frente a la crisis climática. Si Santander quiere un modelo de desarrollo sostenible, debe anclarlo en el agua con la misma contundencia con la que otros territorios lo han hecho en la industria, la agroexportación o el turismo.

Justamente, al día siguiente —el viernes 28—, en el Socorro se vivió una prueba contundente de por qué esta agenda no es solo pertinente, sino urgente. El conversatorio sobre los aljibes, realizado en la UIS sede Socorro con el liderazgo de la Fundación Ecos de la Tierra, la Red Nacional de Veedurías Culturales y el Ministerio de las Culturas, entre otras organizaciones, nos recordó que el agua también es cultura, memoria y posibilidad. Los aljibes, que algunos aún ven (si los ven) como simples piezas arqueológicas, volvieron a hablarle a la comunidad. Y lo hicieron con fuerza.

El espacio nos permitió ver los aljibes con otros ojos: como patrimonio vivo, como estructuras que requieren cuidado técnico, como rutas de aprendizaje y como hilos que conectan la historia del Socorro con los desafíos del presente. Nos enseñan —sin discursos grandilocuentes, solo con su humilde persistencia bajo tierra— que el agua siempre encuentra su camino, incluso después de los terremotos; que la vida resurge donde hay comunidad, memoria y compromiso con el territorio.

Por eso, enlazar lo ocurrido en el Socorro con la iniciativa presentada por Prosantander no es casualidad; es una necesidad política y cultural. Santander no puede darse el lujo de seguir tratando el agua como un capítulo suelto de los planes de desarrollo, ni como un problema que aparece solo cuando escasea. Necesitamos una visión integral que reconozca que el agua es, simultáneamente, infraestructura, ecosistema, cultura, identidad, economía y memoria.

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