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Jueves 04 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

Bucaramanga entre promesas imposibles

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El debate político en Bucaramanga deja claro que muchos candidatos hablan como si la ciudad fuera una maqueta. Ofrecen transformaciones olvidando un detalle elemental: el próximo alcalde gobernará apenas dos años. No hay tiempo ni margen legal para rehacerlo todo. Además, deberán respetar el Plan de Desarrollo aprobado, los contratos en curso, las restricciones de la Ley de Garantías y, sobre todo, que ninguna decisión avanza sin el Concejo municipal. Muchos hablan como si gobernaran solos, ignorando que Bucaramanga funciona con acuerdos y normas vigentes. Esto tiene consecuencias reales: no todo se puede hacer, no todo se puede cambiar y no todo depende del alcalde.

En movilidad los ofrecimientos abundan: eliminar ciclo-rutas, acabar con los cepos, imponer autoridad absoluta, modernizar semáforos, levantar intercambiadores. La realidad es menos exuberante. Muchos proyectos ya están definidos y financiados. El próximo mandatario no puede desmontar lo aprobado ni detener lo contratado solo por gusto personal. Modernizar sí es viable, improvisar no.

La seguridad fue el gran imán. Prometieron más pie de fuerza, más cámaras, centros de comando y participación de la reserva activa. Pero el pie de fuerza lo define el Gobierno Nacional, no el alcalde. Las cámaras solo funcionan si hay mantenimiento y análisis de datos. Las reservas activas no pueden patrullar como Policía. Es cierto que el modelo de seguridad fracasó: hay microtráfico, zonas sin vigilancia y miedo. Pero vender orden total en meses es populismo puro.

En transporte público se escucharon promesas enfrentadas: sistema sin privatización, flotas nuevas, estrictos controles. y otro incluso planteó un teleférico. En medio de todo eso quedó la única verdad técnica del debate: ningún sistema urbano es sostenible sin apoyo del Gobierno Nacional. Ignorar esto y ofrecer autosuficiencia es engañar.

En parques, recreación, cultura, migración y salud, algunas ideas tienen sentido, pero otras son solo impulsos electorales.

El POT merece claridad. Algunos candidatos hablan como si cambiar el uso del suelo fuera mover una ficha. Ignoran que la norma exige transformaciones progresivas y sustentadas. Bucaramanga siempre tendrá actividades nocturnas y una zona rosa. Si se decide reubicarla sin controles, ocurrirá exactamente lo mismo que hoy se critica. No es el lugar lo que genera desorden, sino la falta de reglas, vigilancia y control del espacio público. Mudar el problema no es resolverlo.

El mensaje para los bumangueses es sencillo: antes de creer en cualquier promesa, pregunten quién puede responder por ella. ¿Es competencia del alcalde o depende del Gobierno Nacional? ¿Hay presupuesto? ¿La norma lo permite? Recuerden que el periodo es corto y que la Ley de Garantías limita algunas decisiones. Bucaramanga necesita gobernantes que sepan cómo funciona la ciudad y qué se puede hacer en dos años, no expertos en frases memorizadas.

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