Esa es la pregunta que, con mayor frecuencia, se hace en diferentes escenarios en vísperas de las elecciones atípicas que se llevarán a cabo, dentro de ocho días, para escoger alcalde en propiedad en la capital santandereana. El poco tiempo de campaña, la fecha inusual de la jornada electoral y el amplio abanico de aspirantes han jugado en contra, de algún modo, de la selección informada del voto.
Por ello resultan tan importantes los esfuerzos que, desde diferentes instituciones, agremiaciones, juntas de acción comunal y medios de comunicación, se han hecho para reunir a los candidatos con el fin de escuchar, de su propia voz, cómo van a atender las prioridades de una ciudad como Bucaramanga. Los formatos son tan variados como los colores, pero en esencia, todos ayudan a construir un concepto, o a reforzarlo, sobre las personalidades así como las intenciones de quienes decidieron someter su nombre al escrutinio público.
Desde que Richard Nixon perdió la presidencia de los Estados Unidos, en el primer debate televisado con su contendor John F. Kennedy, en 1960, las formas en este tipo de eventos se cuidan. Que lo diga el ahora expresidente gringo Joe Biden, ‘relevado’ de su aspiración a repetir en la Casa Blanca por, justamente, hacer evidente su deterioro físico y mental, en horario estelar, ante el inconfesable Donald Trump.
De nada valen los comités de aplausos y arengas en este tipo de circunstancias, tampoco los señalamientos hacia la presunta carga de quienes elaboran y formulan las preguntas, porque no es una competencia para medir cuántos decibeles sube el nivel de quien vocifera, o de qué jingle suena más duro, o quién tiene la barra más numerosa, sino de encontrar en las respuestas de los candidatos, en su sindéresis y ponderación, las señales que evidencien su talante de líder, administrador, conocimientos y, como no, de ese buen ‘ser’ humano que se requiere al frente de los destinos de la ciudad.
Quedan ocho días para hacer el ejercicio ciudadano de ver y leer en fuentes confiables quiénes son esos ocho aspirantes, qué han hecho, de dónde provienen, de quién se hacen acompañar, por qué quieren hacerse elegir, a qué se han comprometido, qué tan claros son en la exposición de sus ideas, cuáles son sus ejecutorias y de qué manera piensan sortear los desafíos que trae una responsabilidad como la que dicen querer asumir.
No le deje esa tarea a las redes sociales, a los influenciadores, a los contenidos pautados y a la avalancha de desinformación que circula por cada cuenta que publica a favor o en contra. La elección de quien llegue después del 14 de diciembre no es un asunto divino, de eso tan bueno no dan tanto.












