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Martes 09 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

El Triángulo Ético: verdad y el respeto contra el prejuicio

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La columna anterior reveló la tensión estructural en Santander, con más de 580 conflictos anclados en problemas objetivos como reclamos laborales y deficiencias en servicios básicos. Tratar estos problemas objetivamente exige que el diálogo aspire a la transformación estructural, no a la acostumbrada tregua.

Junto a estos problemas, persiste el factor corrosivo que agrava la crisis: un clima de estigmatización y prejuicios que eleva la Pirámide del Odio. Si la solución es el Triángulo Ético VRC (Verdad, Respeto, Coherencia), debemos detenernos en sus dos primeros vértices, antídoto directo contra el prejuicio.

La historia “La culpa es de la vaca” evidencia cómo, ante un problema, los actores evaden sus corresponsabilidades y culpan a otro. Este prejuicio —“el otro es culpable de mis problemas”— es común. Incluso si se logra la paz temporal y el respeto, el proceso fracasa si los egos o intereses particulares superan la voluntad de acción y solución, llevándonos a una “parálisis cómoda” en lugar de a soluciones medibles.

El primer pilar exige valentía intelectual para confrontar las narrativas de odio (”invasores,“ “obstáculo para el desarrollo”) con datos verificables. Las etiquetas destructivas no son análisis, son falacias que buscan desplazar la culpa.

Si se culpa a comunidades migrantes o indígenas de la inseguridad o la presión sobre los servicios, la Verdad nos obliga a mostrar los datos oficiales. Esos datos revelarán que las causas estructurales reales radican en la falta de inversión y la precarización laboral. La Verdad desmonta la narrativa simplista de “La culpa es de la vaca” para enfocarnos en la corresponsabilidad y dirigir la indignación no hacia un chivo expiatorio, sino hacia la incongruencia y la inacción de la administración.

El segundo pilar, el Respeto, es la condición ética que impide la escalada de la violencia, pues la falta de respeto es el primer escalón de la Pirámide del Odio. Para impedir este descenso, debemos introducir la ética del Diálogo Auténtico (Yo-Tú). Siguiendo a Martin Buber, el Respeto nos exige abandonar la relación Yo-Ello, donde el interlocutor es un objeto, y forzar un encuentro Yo-Tú. Este encuentro exige el reconocimiento incondicional de la humanidad y la dignidad del otro como la condición ética mínima para sentarse a debatir los hechos. El respeto es la garantía de que el conflicto se mantenga en el plano de las ideas.

La Verdad corrige la mente; el Respeto protege el espíritu. Juntos, abren el camino hacia la Coherencia, que exige que esta ética se traduzca en acción vinculante y justicia estructural.

Para avanzar, la Verificación de los hechos en el discurso público es nuestra primera tarea cívica. Debemos exigir la abolición inmediata de las etiquetas y expresiones que degradan la dignidad del interlocutor.

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