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Domingo 14 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

“Usted fue el único que creyó en mi”

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El domingo 17 de agosto de 1980 salió publicada en Vanguardia Liberal una carta escrita por el futbolista Manuel Francisco Peña Angarita; dicha misiva llegó a la sala de redacción del periódico y fue Carlos Julio Castellanos Rincón el encargado de montarla en las páginas deportivas del diario ya que era la carta de renuncia de un goleador a la selección santandereana de fútbol y tenía un destinatario específico: Alberto ‘Coco’ Forero.

El hijo de Francisco y Florelia, nacido un 16 de enero de 1962 en Bucaramanga, se había sentado a redactar una despedida que, a decir verdad, llegó a mis manos hace un par de días y es increíble que 45 años después, me conmovió hasta las lágrimas por lo que escribió un muchacho de 18 años quien se marchaba para los Estados Unidos en un programa de intercambio estudiantil. El delantero del Colegio La Salle tenía que dejar a sus compañeros de equipo cuando ellos más lo necesitaban. Es válido recordar que Manolo era goleador y varios oncenos del campeonato colombiano, entre esos Millonarios, lo tenían en la mira para integrar a su equipo de reservas.

Manolo encabezaba la tabla de goleadores del campeonato juvenil Copa Coca Cola y al mismo tiempo Carlos Julio titulaba “Peña: goles de antología” gracias a una paliza que Santander le propinó a Cundinamarca con tres goles del atacante bumangués. Llegó el mes de agosto de 1980 y Manolo, primo de Toño Peña, -otro crack del fútbol en nuestra región- llegó a su casa de la Calle 56 con 34 y le dijo a su mamá que le iba a dictar una carta de despedida. Doña Florelia sacó la máquina de escribir y, sin mirar el teclado, consignó en la hoja lo que su hijo le dictaba; más bien, ¡lo que el corazón de su hijo le dictaba! En los pocos renglones que salieron consignados en nuestro diario, la renuncia decía lo siguiente: “Alberto, quiero decirle que soy y seré un agradecido suyo, pues usted fue el único que creyó en mí como centro delantero y me dio la oportunidad de responderle a esa confianza, le pido el favor de disculparme por las veces en que jugué mal y quizás varias veces lo defraudé, pero le repito y quiero que sepa que en cada partido puse mi mayor empeño, voluntad y sacrificio…”. Manolo remató con lo siguiente: “Espero algún día poder compartir otra maravillosa experiencia con todos ustedes”. Esa carta la leyeron el lunes 18 de agosto en el estadio Alfonso López antes del entrenamiento de la selección y todos lloraron.

El 20 de julio de 1981, Manolo regresó de los Estados Unidos; esa misma noche entrenó con el equipo que dos meses después se coronó campeón nacional juvenil. Sus amigos de siempre lo estaban esperando, desde Omar Cabrales y Vicente Hernández, pasando por Oscar Muñoz y Oscar Arenas; sus compañeros de ataque lo extrañaban: Adolfo Holguín, Alfredo Ferrer y Domingo Alarcón. “Todos eran geniales Pipe, pero el que nos unió a todos, el hombre que manejaba la inteligencia emocional del grupo era el profe Norberto Anaya”. Y lo dice un coach de la estatura de Manolo que ha tenido la oportunidad de trabajar con selecciones Colombia, el Atlético Bucaramanga, el Junior de Barranquilla, Atlético Nacional, el Deportivo Lara en Venezuela y además, de ser un destacado conferencista en varios países del exterior. Manuel Francisco estuvo en el Atlético Bucaramanga en 1982 bajo la dirección de Edilberto Righi y Julio Gioscia, pero al fin de cuentas el estudio se lo llevó del todo. Ha superado un cáncer y siempre tuvo el apoyo de su bella familia, de su hermano Gerardo, -el mejor de ellos jugando al fútbol- de su hijo y de los médicos Carlos Rojas y Jorge García Harker. Manolo: eres un bellísimo ser humano, sabes cuánto te queremos. Guardaste una carta durante 45 años y me conmovió como ninguna; creo que esa carta le pertenece a tus compañeros, a ‘Coco’ Forero y al profesor Norberto Anaya. ¡Ya sabes lo que tienes que hacer!

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