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Jueves 18 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

El momento perfecto es hoy

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Cada diciembre trae su propia música. A veces suena un villancico, otras una canción que nadie pidió y, de vez en cuando, un coro que se mete en la memoria para recordarnos a alguien, a algo y también que no todo lo vivido este año fue desgaste. Que, entre obligaciones, sobresaltos y tristeza, también hubo momentos muy buenos. Pero solemos olvidarlos, porque pensamos demasiado y agradecemos poco.

Tal vez por eso diciembre insiste con su música, para recordarnos que la vida también se alegra en lo que no se explica: en un amanecer, en una conversación que llega a tiempo, en un mensaje, en una risa que, sin anunciarse, salva un día. Hay canciones que no se analizan; simplemente acompañan. Y esa debería ser la filosofía mínima de fin de año: acompañar, agradecer sin balances y, cuando se pueda, celebrar sin permiso.

Agradecer lo sencillo: haber transitado por la vida durante el año, haber encontrado calma en medio del ruido, haber tenido la fortuna —sí, la palabra es fortuna— de ver colores donde otros solo ven rutina. Agradecer la luna de diciembre, y a la salud, que sostiene todo lo que queremos hacer.

Y claro, agradecer a los amigos y a la familia. A los que están, porque su presencia es un tipo de suerte que pocas veces nombramos. Y a los que se fueron este año —familiares, amigos, afectos irremplazables—, agradecerles también: por lo vivido, por lo aprendido, por las marcas que dejaron en nuestras decisiones y en nuestra forma de mirar el mundo. Decir sus nombres en silencio es otra forma de celebrar que existieron y que estuvieron.

No se trata de negar dificultades ni de pintarle sonrisas a la incertidumbre económica. Es posible que muchas cosas no se resuelvan antes de que termine el año. O que sí se resuelvan. Nadie lo sabe. Pero postergar la alegría nunca la ha multiplicado. Diciembre viene a recordarnos que celebrar lo que funcionó es equilibrio.

Hablemos entonces de deseos, porque seguir imaginando posibilidades es un privilegio. Desear salud, que es la base del baile, y tiempo para vivir sin tantas explicaciones. Aquí cabe esa intuición cortazariana que todos entendemos sin necesidad de citarla: no esperar el momento perfecto para vivir lo que ya es posible hoy.

Celebrar que todavía podemos desear también es una forma de vivir. Este día de diciembre basta con agradecer lo que sí ocurrió: la belleza de lo vivido, la memoria de quienes ya no están y la cercanía de quienes siguen. La vida, sin someterla a examen permanente, ofrece su propio repertorio de felicidad.

No todo está resuelto, pero estamos aquí. Y eso hoy es argumento suficiente para brindar por nosotros.

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