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Jueves 18 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

Principio de impugnabilidad

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Extra Ecclesiam nulla salus. Este antiguo principio del siglo III me fue repetido en mi infancia por mi maestra: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”. Siglos más tarde fue el soporte del principio de la infalibilidad del pontífice romano. Pero, una vez que fui instalado en la disciplina de la historia, me enseñaron un principio alternativo: la historia es solo una interpretación de lo acontecido a los hombres, basada en las fuentes disponibles. A partir de esa convicción, con los años tuve que aprender otro principio más radical: la impugnabilidad es el principio que rige a la interpretación histórica, porque siempre están apareciendo nuevas fuentes y perspectivas analíticas que la cambian.

En vez de conocimiento sagrado, la historia es impugnable por críticos dotados con mejores fuentes y perspectivas. ¿A qué viene este recuerdo metodológico? A que el presidente acaba de presentar en el municipio de El Tarra una cartilla, dirigida a 5.000 colegios, con un título provocador: “Cultivar la verdad”. Publicada con el sello del Ministerio de Educación y de la Universidad Nacional, pretende ser un resumen de los ocho tomos elaborados por la Comisión de la Verdad que nació en 2006 del tratado de paz firmado con las FARC. Según el presidente, esta cartilla es para “tener memoria”. ¿Cuál de todas las memorias posibles? Solo una: la que cultivan los miembros de la Comisión de la Verdad. Según el ministro: “una síntesis de nuestra historia reciente con las voces que fueron acalladas y los dolores que perduran”.

Solo escalofrío produce esa amenaza de “cultivar” una sola memoria, porque esta es una fabricación políticamente comprometida con disfraz de inocencia. En la memoria no hay voluntad de comprender, sino de imponer una interpretación, y por eso los historiadores son implacables en su crítica de lo que para ellos no es más que una fuente llena de trampas. La memoria no sustituye a la historia crítica, así como el paisajismo no sustituye a la geografía. Lo que está en ciernes es la antigua voluntad política de imponer un relato infalible, fuera del cual “no hay salvación”. Ojalá los maestros resistan el intento.

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