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Sábado 27 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

El futuro sin Colfuturo

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La cancelación, por parte del gobierno Petro, de la cofinanciación estatal al programa de crédito-beca de Colfuturo no es un detalle burocrático más. Es una de las decisiones más preocupantes que ha tomado el país en materia de política de talento humano.

Colfuturo no es un proyecto etéreo ni un club exclusivo para “ricos”, como se ha intentado presentar desde algunas narrativas oficiales. Es, por el contrario, una herramienta concreta que durante décadas ha posibilitado que cerca de 25.000 colombianos de todos los estratos socioeconómicos accedan a formación de alto nivel en las mejores universidades del mundo, con la condición —fundamental— de que regresen a Colombia y apliquen sus conocimientos al desarrollo nacional. Es una inversión en futuro, no en privilegios.

Esa cifra no es menor en un país donde la formación de posgrado en el exterior es inaccesible para la mayoría. Y es precisamente esa accesibilidad la que desmonta la narrativa simplista de que Colfuturo era solo para la élite. El respaldo estatal no solo facilitaba la movilización social individual: multiplicaba el capital intelectual del país.

Así lo confirmó también un reportaje de El Colombiano, que desmintió abiertamente que la mayoría de los beneficiarios provinieran de estratos altos, y que ha incluido también a jóvenes talentosos de entornos menos favorecidos que, de otra manera, nunca habrían podido costear un posgrado en el extranjero.

La respuesta oficial, replicada por medios estatales como RTVC, buscó desviar la atención presentando al programa como un instrumento que “beneficiaba mayormente a estratos 4, 5 y 6”. Esa simplificación no solo es injusta sino que también ignora el retorno social que esos profesionales han dado a Colombia.

¿Y cuál es el costo de desistir de esta inversión? La primera pérdida es menos talento de alto nivel retornando al país. Estaremos formando menos expertos capaces de liderar industrias tecnológicas emergentes, economías digitales y políticas públicas basadas en evidencia.

La segunda, menos competitividad regional y global. Países como Singapur, Corea o incluso Chile han entendido desde hace décadas que la inversión en capital humano es la base de cualquier economía competitiva. Sin ese músculo intelectual, Colombia seguirá exportando materias primas y servicios de bajo valor agregado, en lugar de productos y servicios de valor agregado.

La tercera, y quizás la más dolorosa, es el debilitamiento de la movilidad social real. Cuando un joven talentoso de una familia de recursos limitados obtiene una beca para estudiar en Harvard, Oxford o la Sorbona, transforma su vida e inspira a su comunidad, estrecha la distancia entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

Renunciar a Colfuturo envía un mensaje: Colombia no confía en su gente para competir en el mundo del conocimiento; estamos dispuestos a sacrificar oportunidades de largo plazo en nombre de retóricas cortoplacistas.

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