Todos aspiramos a la energía del nuevo año. Todos hacemos promesas y propósitos de cambio tanto personal como colectivo. Juramos amar al contradictor, nos hacemos esa promesa cada año y no perdonamos la comida ni el abrazo.
Yo aspiro a que la energía del nuevo año me lleve también a pensar en cómo puedo aportar más a la sociedad, a este mundo real, cercano, a mi ciudad, a mi región. No solamente a mi bienestar, sino al de todos. Necesitamos un cambio de conciencia, ético, de conductas. Ya lo dijo Confucio: “Muchos buscan la felicidad por encima del hombre; otros por debajo; pero la felicidad tiene la talla del hombre”. Necesitamos un verdadero cambio para respetar la vida. Necesitamos un verdadero inicio de cambios políticos con 17 millones de colombianos en la pobreza. No puede seguir el país y nosotros ajenos a esta realidad y haciendo un estéril juego intelectual, una arquitectura en el aire.
En Colombia la vida de los trabajadores no ha mejorado de verdad; a veces hay para la familia, otras veces no alcanza para la comida, pero siempre le toca seguir partiéndose el lomo con esa incertidumbre. Gobierne el que gobierne, Pastrana, Santos, Uribe, Duque o Petro, el Sísifo colombiano saca fuerza y energía para seguir subiendo la roca que no deja de caer eternamente.

Viene otro año, el 2026, año de elecciones y de vanidades, de congresistas y de presidente, de polarización y odios encendidos, mientras el Sísifo colombiano espera cambios, reformas a la justicia y, sobre todo, medidas contra la corrupción alimentada por el narcotráfico, que reemplazó a las élites o las absorbió. La piedra no se cansa y espera que el hombre lo haga, pero el hombre persevera, lucha para que su condición no sea eterna.
Sobrevivir a Duque, a Pastrana, a todos, sobrevivir a la canalla. Sobrevivir a los pastores, a la guerrilla, a la delincuencia, a la infamia que nos rodea. Seguir insistiendo, subiendo la piedra una y otra vez hasta que el mundo cambie, no permitir que el desencanto nos invada como la niebla antes de la muerte. Es la lección que durante años ha ido aprendiendo el Sísifo colombiano: caer y levantarse hasta que gane la justicia y la inteligencia que construye y crea. Porque mientras haya quien empuje la piedra con dignidad, este país aún no está condenado.
Solo nos queda Brindar por San Jorge el Bebedor, ¡y sale vino! “¿Qué milagro es éste? Te bebes ese jugo y tu alma se agiganta”.










