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Viernes 09 de enero de 2026 - 01:00 AM

Digitus impudicus

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Por su talante, el 2026 no pudo comenzar mejor para el alcalde de Barbosa. Ferias, fiestas, corrida de toros, corraleja y un gesto obsceno con la mano que está dando de qué hablar.

Organizó una corrida de toros para el primero de enero. Como era de esperarse, quienes se oponen al maltrato animal se hicieron presentes. Hicieron plantón para exigir que se respetaran los derechos de los toros. La situación fue aprovechada por sectores políticos que han hecho del tema animalista su causa electoral.

Marco Alirio Cortés Torres, tres veces alcalde de Barbosa y con un espléndido historial de escándalos, llegó al evento y les hizo pistola. Literalmente. A decir verdad, no fue la única vulgaridad. La hostilidad y la chabacanería le alcanzaron para gritarle insistentemente “maricón” a uno de sus críticos. Ahí están los videos.

Dicen que el alcalde llegó al sitio del evento pasado de tragos. Si la ofensa y el agravio los va a justificar de esa manera para luego ofrecer disculpas debe pensarlo bien. Antes que excusarlo, agrava su situación. Primero, porque como alcalde debe dar ejemplo, en público y en privado. Segundo, porque se trataba de un acto oficial, y al trabajo, menos siendo funcionario público, no se llega en esas condiciones.

Las quejas y denuncias avanzan. Tendrá que dar explicaciones, por agredir y ofender a unos ciudadanos, y por permitir y autorizar la corrida de toros.

Al alcalde se le olvidó que cuando se posesionó juró cumplir la Constitución y la Ley, y que dentro de los deberes del cargo se encuentra el de tratar con respeto, imparcialidad y rectitud a todas las personas, sin importar de quién se trate, ni los motivos que los lleven a oponerse a sus intereses. Es lo mínimo que se espera de un servidor público.

Auspiciar el maltrato animal –las cabalgatas, por la forma en que se llevan a cabo, las corridas de toros y las corralejas lo son, así no le parezca– contradice la ley, desconoce pronunciamientos de la Corte Constitucional que lo proscriben y va en contravía de una tendencia social que cada vez adquiere mayor fuerza.

El alcalde está acostumbrado a manejar sus asuntos a las patadas. Sus antecedentes son más que elocuentes. Los buenos modales, las buenas maneras no son su fuerte; y el carácter es muy distinto a la ordinariez. No hay forma de equipararlos, ni de confundirlos. El episodio, por su gravedad, no puede minimizarse dándole un matiz diferente como ha pretendido hacerlo.

¿Hasta cuándo Barbosa va a tener que soportar la ramplonería del alcalde? ¿Hasta cuándo le va a alcanzar la vergüenza? Dicen que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, la verdad, Barbosa merece algo mejor.

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