El discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial, no solo fue ovacionado de pie, sino que se hizo viral. En las redes sociales, millones de personas están hablando acerca de sus palabras. El diario El País de España publicó la traducción al español del discurso completo. Vale la pena leerlo con atención y ver el video, que dura 17 minutos. En un mundo que pareciera privilegiar el ego, la arrogancia y la violencia en el lenguaje y los gestos, es alentador que nuevas formas de liderazgo se conviertan en referente. Carney dio un discurso con la técnica, profundidad, valentía y altura propias de un gran estadista. Se atrevió a decir lo que muchos piensan, con elocuencia: El viejo orden mundial, basado en normas, está roto y en el nuevo los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.
El discurso arranca haciendo alusión al famoso ensayo de Václav Havel (ex presidente de la República Checa) titulado “El poder de los impotentes” (1978), en el que plantea una pregunta: ¿cómo se mantenía el sistema comunista? Su respuesta se basa en la historia de un tendero que colocaba un cartel en la ventana que decía “¡Proletarios del mundo, unidos!”. Pese a que él no creía en ello, lo colocaba al igual que los demás, para demostrar su conformidad con el régimen y evitar dificultades. “El sistema se mantiene no solo a través de la violencia, sino también a través de la participación de la gente común en rituales que, en privado, saben que son falsos”. Para Carney, “no se puede ‘vivir en la mentira’ del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación”.
Bajo esta perspectiva, sugiere una actuación pragmática basada en principios, el realismo con valores. “El antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es estrategia.
Los países deben desarrollar una mayor autonomía estratégica: en materia de energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Al mismo tiempo se debe promover un nuevo orden que encarne valores como el respeto por los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados. El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad. Cuando el tendero quita el letrero, la ilusión comienza a resquebrajarse. Es hora de que las empresas y los países quiten sus carteles”, señala Carney. Sus reflexiones no solo son aplicables para Canadá y para analizar el contexto internacional, sino también para los diferentes países y regiones en torno a múltiples temáticas.












