Desde el 2009, con el ministro Uriel Gallego, se prometió la carretera de doble calzada de Bucaramanga a Pamplona. La promesa se hizo frente a los directores de Invías, el Instituto Nacional de Concesiones y la dirigencia nuestra: “Un tramo del corredor Bucaramanga-Pamplona, cuyos recursos alcanzan para 60 kilómetros, empezando en el kilómetro 8, con 389 mil millones de pesos”. También se habló en esa época de la Troncal del Carare, “de un inmenso beneficio para Santander y para Boyacá, que une ese territorio con el río Magdalena (sueño eterno de los santandereanos: unirnos con el Magdalena)”, desde la época de don Aquileo Parra, Solón Wilches y Lengerke. “El contrato contempla la ejecución de 32 kilómetros”, decía, mientras de paso mencionaba el contrato de la Troncal del Norte: “vamos a apoyar este proyecto”. Prometió 500 mil millones de inversión para vías de Santander. Hoy, sin embargo, vemos que nos engañaron.
Usted, amable lector, puede darse cuenta de que la carretera a Pamplona no pasó de unos pocos kilómetros y que el 26 de enero del año en curso, según Vanguardia, el fallido contrato de la vía Bucaramanga-Pamplona fue liquidado. “El proyecto contemplaba una inversión que rondaba los 1,5 billones y culminaba en 2041”. Se liquidó porque sus avances eran nulos.
Acá seguimos añorando excelentes vías, no solamente carreteras, que nos saquen del olvido para volver a ser el Santander de finales del siglo XIX, antes de la “Culebra Pico de Oro”, que fue regresiva. Con todo el dinero que nos han prometido tendríamos vías como las de Europa. Pero no.

En el 2010 se revivió el proyecto de la carretera por el Alto del Escorial. Se tomaron la fotografía 25 congresistas, delante de las autoridades y la dirigencia gremial. Todos hablaron y todos aseguraron que esta vez iba porque iba. Era la ruta soñada para unir a Norte de Santander y Santander. La foto de ese año, 2010, muestra a todos los políticos de la época prometiendo la creación de la Región Oriente, algo similar a lo de la Costa. Juraron salvar el Oriente y fueron más ambiciosos: se habló de una integración binacional.
Pero el Escorial no era viable, según un supuesto “experto”, y de esa manera caímos en la desidia otra vez. Seguimos insistiendo en la fracasada doble calzada a Pamplona, con sus fallas geológicas en Cuesta Boba. El Alto del Escorial ya tenía los terrenos comprados y los diseños, acercando a Cúcuta en dos horas y por cuatro carriles. No se hizo y no pasó. También el sabio “experto” se opuso al tren por esa vía que los chinos hubieran construido. ¿Algún día haremos el tren? Más rápido y más ecológico. Seguimos a la espera después 16 años.











