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Lunes 09 de febrero de 2026 - 01:00 AM

El embrollo del anillo vial externo

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El veedor de la Cámara de Comercio, ingeniero Mario Torres, ha venido llamando la atención sobre el estado en que ha caído esta obra, vital para organizar el tráfico del área metropolitana de Bucaramanga. La contratación, efectuada por la Gobernación de Santander en 2023, contempla la ejecución de 28 kilómetros de calzada bidireccional para unir la vía Girón–Aeropuerto (K0) con la carretera Piedecuesta–Bogotá (K28) y la definición en fase 3 de su trazado. En 2024 se decidió ampliar el proyecto a doble calzada y, de manera curiosa, se encargaron los diseños al mismo constructor, junto con una asesoría para viabilizar el cobro por valorización como fuente de financiación para el nuevo alcance.

Hoy la obra se encuentra totalmente paralizada. No cuenta con licencia ambiental, no se ha adquirido ninguno de los predios requeridos y apenas se han pavimentado siete tramos pequeños y dispersos que no ofrecen utilidad alguna. Aun así, se ha pagado al contratista el 15,81 % del valor pactado, estipulado en 345.000 millones de pesos.

Se ha establecido que, con los precios unitarios convenidos, los 289.000 millones de pesos pendientes de inversión no alcanzan para concluir la primera calzada. Ante este panorama, la Cámara de Comercio ha propuesto reordenar el objeto contractual, limitándolo a dos sectores, para asegurar resultados útiles de esta apropiación.

En primera instancia, la actual vía a Guatiguará se habilitaría hasta el K22+250 del trazado adoptado y se empalmaría con la variante Girón–Zapatoca en el K10+500. Se trata de un trecho de realización sencilla, que tendría un costo cercano a los 155.000 millones de pesos y habilitaría una conexión funcional de inmediato, como lo hemos sugerido en esta columna. A continuación, se plantea acometer el trayecto entre el K10+500 y el K4+000 y empatar con la carrera 26 que conduce al sector de Transejes, en Girón. Intervención estimada en 91.000 millones de pesos.

La ejecución de estos dos segmentos permitiría destrabar el contrato, ofrecer una alternativa a la congestionada autopista Bucaramanga–Piedecuesta, y establecer un escenario confiable para la irrigación de valorización que facilite construir esta importante vía en doble calzada.

Cumple así su función la veeduría de la Cámara de Comercio, al denunciar esta situación que podría conducir al despilfarro de los recursos correspondientes a siete años de participación de utilidades de la ESSA. Todavía es posible enderezar el rumbo, adoptar decisiones técnicas sensatas y mostrar resultados concretos en el gobierno departamental que termina su período en diciembre de 2027. De lo contrario, el anillo vial externo será otro proyecto fallido y la región seguirá pagando los costos de la improvisación administrativa.

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