La condesa Isabel Báthory llenó de sangre a Hungría, la acusaban de torturar y matar a cientos de jóvenes y mujeres a finales de 1590. Todo por la obsesión de la belleza, de la eterna juventud, tras la búsqueda de la piedra filosofal, la que da la inmortalidad. La llamaron la “Condesa Sangrienta”. Primero fueron las doncellas del pueblo, pero siguió envejeciendo y entonces le dijeron que la salvaban las niñas y niños de “sangre azul”, las de la nobleza. Esa fue su perdición, las del pueblo no importaban, pero las de la nobleza era diferente. Murió a los 54 años en su habitación a la que tapiaron y no veía la luz del sol ni el amanecer. Esa historia se actualizó: “Los escándalos sexuales que tuvieron como eje al pedófilo más famoso de la historia, Epstein”, son de este siglo y lo que hay debajo de ese escándalo dirigido por los amos del universo abusando de mujeres vulnerables no termina como los de la Condesa Sangrienta, con niños posiblemente también.
La lista es interminable de pedófilos y de poderosos: desde Putin que aparece 1056 veces, Clinton, el que sueña anexar Groenlandia, Canadá, Venezuela, Cuba, el señor del mundo, Trump, el príncipe Andrés que jugueteaba con las niñas. Elon Musk, Bill Gates, Woody Allen cuya imaginación terminó entre niñas, Larry Summers (del Banco Mundial), el nunca saciado entre los árabes, el príncipe Salman, Mick Jagger, hasta el expresidente Pastrana aparece mencionado en las archivos que son millares. Habrá una que otra sorpresa, “¿quién no estará?”, Noam Chomsky que daba consejos a Epstein para lavar su nombre ( es posible que no haya participado, pero...). Buen consejero resultó el filósofo de izquierda.
Hasta ahora se está levantando tamaña podredumbre de infanticidio. Lo que dijo Oscar Wilde que cita John Carlin: “Todo el mundo tiene que ver con sexo, excepto el sexo. El sexo tiene que ver con el poder” el poder del capital que no tiene ideología, frívolo y terrorífico en sus propósitos de los que hablan del “orden mundial”.
“En la su oscura intimidad, lejos de los ojos de nosotros los plebeyos que trabajamos duro y pagamos nuestros impuestos, ellos cenan juntos, se escriben mensajitos secretos, intercambian favores, conspiran y se reparten la riqueza y los placeres lícitos y no lícitos de la Tierra”. Los que hablan de democracia y justicia, pero para ellos. Todo se va al traste, pero siempre hay una luz que mantiene la fe en el “mundo mejor o menos peor” y como decía Camus: “hay más cosas que admirar en el ser humano que despreciar”
Epstein es el nuevo “Conde Sangriento” y su séquito de hipócritas.












