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Miércoles 25 de marzo de 2026 - 01:00 AM

El Hércules

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La caída del avión Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana con 128 personas a bordo, entre ellos 115 integrantes del Ejército Nacional, volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre el tipo de administración pública que tenemos y la que necesita el país. También puso de manifiesto, una vez más la forma como está “liderada” Colombia desde la presidencia de la República.

En estos 4 años de gobierno hemos visto como el crecimiento de la administración pública, es decir, el tamaño del Estado ha crecido a unos niveles históricos, jalonado por la contratación de amigos y parientes del régimen, sin ningún tipo de experiencia pública y sin méritos o requisito para ocupar los cargos.

Ello ha resultado no solo en el desvío de recursos hacia actividades que solo le generan valor a la imagen del gobierno (como los bodegueros divulgadores de noticias falsas) pero no resultan en la mejoría de la capacidad estatal para resolver los problemas de Colombia. En el caso de la aviación militar, más allá de la polémica compra de los aviones suecos, han sido evidentes los rezagos en la renovación y mantenimiento de las aeronaves tanto del Ejército, como de la Policía Nacional.

No se sabe si ello fue a propósito. Quizás sí. Con esta tragedia varios analistas han salido a recordarle al gobierno como uno de sus ministros de defensa decidió reducir el presupuesto de mantenimiento de aeronaves en cerca de 800 mil millones, o porqué la ejecución de dicho rubro presupuestal va en ceros en lo corrido de 2026.

Pero el gobierno, en cabeza de su presidente, antes que solidarizarse con las víctimas del accidente, con sus familias o con las propias Fuerzas Armadas, sale a manifestar en forma canalla, que el avión siniestrado era una chatarra que había comprado el gobierno de Duque y que debería adelantarse una investigación. Pero primero cae un mentiroso que un cojo. El avión fue una donación, no una compra y recibió un mantenimiento integral que se contrató en el gobierno anterior, pero que el gobierno actual recibió a satisfacción.

El presidente en lugar de culpar a otros por su mal desempeño y de hacer el ridículo mediático, ha debido ordenar una investigación a fondo del accidente para encontrar las causas y no dictar sentencia culpando al gobierno anterior para aprovecharse políticamente de la tragedia, mencionando en sus trinos a las fórmulas vicepresidenciales de los candidatos que le pisan los talones a su aspirante preferido.

Eso demuestra la bajeza de un presidente que se ha dedicado por 4 años a deformar la verdad y desconocer que es él el único responsable de su fracaso como gobernante. Colombia merece otro liderazgo, sin odios, sin mentiras y sin canalladas

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