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Miércoles 01 de abril de 2026 - 01:00 AM

Zona Franca permanente de Barrancabermeja: del dicho al hecho

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Hace una semana fue socializado ante empresarios de la ciudad el proyecto de crear una Zona Franca Permanente en Barrancabermeja. Una conversación que llevaba años sobre la mesa, pero que, como tantas otras, se había quedado en la intención. Hoy, por fin, empieza a moverse.

En varias ocasiones he reflexionado sobre una idea simple pero clave: la diferencia entre decir y hacer. Y este proyecto, por primera vez, parece estar cruzando esa línea. Es, de hecho, la primera vez en la historia reciente de la ciudad que esta iniciativa alcanza este nivel de avance.

El equipo de Zona Franca Santander, líder y responsable del proyecto, ya adelanta estudios de factibilidad y tiene como objetivo radicarlo ante el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo hacia finales de este año o inicios de 2027. De cumplirse ese cronograma, la construcción podría iniciar el próximo año. Esto, sin duda, es una gran noticia para Barrancabermeja.

Una zona franca no es solo un proyecto más. Es una herramienta concreta para atraer inversión, dinamizar la economía y generar empleo. Es una puerta de entrada para nuevas empresas, para diversificar nuestra base productiva y para aprovechar —de manera estratégica— las ventajas logísticas, el talento humano y la ubicación privilegiada de nuestro distrito.

En otras palabras, es una oportunidad real de sumar a la transformación de la dinámica económica y social de la ciudad.

Pero, más allá de lo técnico, este momento también tiene un valor simbólico importante: demuestra que sí es posible avanzar cuando alguien decide asumir el liderazgo y pasar de la conversación a la acción.

Por eso, este no es solo un anuncio para observar desde la distancia. Es un proyecto que debemos asumir como propio: acompañarlo, respaldarlo y promoverlo. Creernos —de verdad— que Barrancabermeja puede ser un nodo empresarial y logístico relevante para el país. Ser voceros, promotores y aliados de lo que puede convertirse en la primera zona franca multiempresarial en el corazón logístico de Santander.

Y, por supuesto, hay que reconocer a quienes están detrás de este paso: a los empresarios que siguen creyendo en la ciudad, que deciden invertir, arriesgar y apostar por proyectos de largo plazo en un entorno que no siempre es fácil. A ellos, gracias. Porque son justamente esas decisiones —las de invertir, construir y generar valor— las que terminan cambiando el rumbo de los territorios.

Hoy hay razones para ser optimistas. Pero, sobre todo, hay razones para involucrarse. Porque, si este proyecto sale adelante, no será solo el éxito de unos pocos: será un logro colectivo. Y una señal clara de que, cuando el hacer se impone, las ciudades avanzan.

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