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Jueves 09 de abril de 2026 - 01:00 AM

Lo que es y no es acoso sexual

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Los casos de acoso sexual denunciados en Caracol llamaron la atención sobre una forma de violencia ejercida principalmente contra mujeres.

Cualquier forma de acoso constituye una violencia tipificada como delito, sea quien sea que la ejerza, Helman Morris y el Sr Benedetti – pagados con dinero público - o Jorge Alfredo Vargas y Ricardo Orrego, figuras emblemáticas de Caracol, o el señorito de la casa, el patrón o el profe. Y sea quien sea que la sufra, las colegas senadoras o periodistas, las empleadas del servicio o del supermercado, las enfermeras y médicas del hospital, las actrices o deportistas, una pasajera de bus. Todas mujeres frente a hombres quienes, de manera consciente y decidida o solo por costumbre y “naturaleza”, les demuestran su poder.

Las violencias sexuales y el acoso poco tienen que ver con el deseo, son demostraciones de poder y de supuesta superioridad. El acoso sexual es expresión de superioridad machista disfrazada de coqueteo. El Código Penal colombiano prevé sanciones para quien “hostigue o asedie a otra persona sin su consentimiento, prevaliéndose de una posición de autoridad o superioridad”. Más recientemente, la ley 2365 de 2024 pretende “prevenir, proteger y atender el acoso sexual en el ámbito laboral y educativo…”. Y “define el acoso como comportamientos libidinosos, de hostigamiento o asedio, sin consentimiento, incluyendo medios digitales”.

Como otras violencias sexuales, las situaciones de acoso son difíciles y penosas de denunciar. A menudo, si las hay, las evidencias son interpretadas de manera ambigua con tendencia al escepticismo, a pesar de las claras definiciones y normas vigentes.

Diferente es el coqueteo como juego de seducción aceptado, entre palabras y lenguaje corporal compartido que incluye miradas y acercamientos, también pausas y expectativas. Todo con consentimiento y disfrute de las partes. El acosador no entiende de coqueteo, ni ve ni respeta límites, solo expresa poder, genera presión y fastidio. El acoso no es coqueteo y no tiene la sutilidad de un juego de seducción; es una maniobra de poder intimidatorio que no tiene aprobación.

El obsoleto “derecho de pernada”, considerado derecho de hombres siempre ha sido y es abuso y violencia a mujeres. Lamentablemente, como lo escribe Yolanda Ruiz “El acoso lleva siglos instalado en todos los espacios laborales y también en los medios de comunicación. Se normalizó tanto que a algunas nos tomó décadas ponerle nombre a lo que nos había pasado y entender que no debía pasar”. No es que muchas mujeres le permitieron, como escribe Zuleta, sino que, entre incredulidad y manipulación amenazante, se someten a hombres, colegas y superiores jerárquicos, que se resisten a la equidad. El castigo a individuos no lo resuelve todo, se requieren acciones que transformen la raíz del problema a largo plazo y desmonten la seguridad imponente del machismo.

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