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Martes 14 de abril de 2026 - 01:00 AM

Empresas vemos, valor no sabemos: muchas venden… pocas generan valor

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Tradicionalmente se ha tenido la idea que el tamaño define la grandeza de una empresa. Y no es así. No es quien más vende, ni quien más empleados tiene, ni quien tenga más locales lo que determina el éxito. Hay empresas grandes que en realidad son pequeñas, y pequeñas que juegan en las grandes ligas. No es lo mismo ser grande que ser una Gran Empresa.

Las instituciones financieras clasifican a las empresas en micro, pequeñas, medianas y grandes. Las pequeñas y medianas son las que conocemos como Pymes. A su vez, está la Banca Empresarial, Banca Corporativa y Banca Institucional (pública). Todas con el mismo propósito: generar riqueza, empleo y valor en el tiempo.

En esta clasificación no entran las “holdings”. No son empresas operativas como tal. Su objetivo es tener participaciones en otras compañías para controlarlas, organizarlas y tomar decisiones estratégicas. Pueden ser pequeñas en números, pero muy poderosas en términos empresariales.

Pero vamos al grano.

Las buenas empresas funcionan, pero no perduran. Viven en el corto plazo: venden, cumplen y sostienen la operación. Su preocupación es generar caja en el día a día, muchas veces manejadas por la intuición del dueño. Si él no está, la empresa se frena.

Mientras las Grandes Empresas (independiente de su tamaño) están diseñadas para perdurar en el tiempo, incluso de generación en generación. Saben para dónde van y qué caminos deben sortear. Se equivocan, corrigen y aprenden. Planean a largo plazo. Generan valor económico, concentradas en el flujo de caja, rentabilidad y retorno sobre el capital invertido. Se obsesionan por los indicadores correctos e invierten en procesos, en tecnología y retención de talentos, sacrificando incluso utilidades en el corto plazo.

En épocas pasadas (que algunos aún añoran), las empresas se reconocían por las familias que estaban detrás del negocio. La palabra era el activo más valioso: generaba seguridad y confianza ante los bancos. Hoy, las Instituciones Financieras no evalúan empresas por su historia o visión, sino por sus números. De hecho, se pensaba que las garantías reales (bodegas, casas, lotes) y la firma de sus dueños eran suficiente para respaldar un crédito. Hoy, a pesar que son válidas, no son determinantes. El foco está en el flujo de caja, el comportamiento crediticio, la capacidad de pago, las garantías realizables comercialmente y, sobre todo, su riesgo reputacional. Ahí es donde los bancos serios toman decisiones.

Empresarios (y quienes quieren serlo): dejen obsesionarse con crecer; arranquen con disciplina y construyan valor en el largo plazo. Si su empresa depende de usted para funcionar, no tiene empresa: tiene un empleo bien pagado.

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