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Columnistas
Martes 21 de abril de 2026 - 01:00 AM

La sed de los que siembran: Diálogo asimétrico

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Con los pies cansados y la boca reseca, siendo las seis en la puerta, el hambre de justicia despierta.

Se camina y no se termina; hemos desandado un sendero amargo para entender que nuestra sed no es un azar, sino una omisión planificada. En columnas anteriores denunciamos el “apagón informativo” del 88,5% de los municipios (Verdad); la desfachatez de devolver al río el 82% del agua convertida en veneno (Coherencia) y, finalmente, la grieta moral que despoja de dignidad al campo (Respeto).

Pero el pasado 17 de abril, como un grito que sacude la puerta en plena madrugada de olvido, el silencio administrativo se rompió. El Diálogo Constitucional sobre el Agua en Barichara, lejos de ser una charla académica, fue el escenario donde un diálogo asimétrico empezó, por fin, a equilibrarse. Mientras el administrador local calla el dato, la Corte habla con verdad jurídica: el agua es un derecho fundamental autónomo. Ya no es un “favor” del político ni un simple servicio público; es el cimiento de la dignidad humana.

Las conclusiones de la Corte validan nuestra alarma: la falta de acceso al agua es una “vergüenza nacional”. Al denunciar la “corrupción que trafica con la sed”, la presidenta del alto tribunal, Paola Meneses, puso el dedo en la herida que hemos señalado: la Pirámide del Odio institucionalizada.

No medir el riesgo (IRCA) ni tratar los vertimientos no son descuidos técnicos; son ataques directos a la Constitución.

Proteger las cuencas no es un capricho ambientalista, es una obligación biocultural para garantizar la paz territorial. Si el Triángulo VRC es nuestra brújula, la jurisprudencia es ahora nuestro escudo. La Red de Veedurías que convocamos nacería con el respaldo de una Corte que salió de sus despachos para oler la sequía y escuchar el clamor del campesino.

Tres grietas dividen hoy nuestro territorio: la informativa, entre el funcionario que oculta el dato y el ciudadano que padece la sed; la de poder, que prioriza la voz de industriales sobre el campesino que guarda la fuente; y la de destino, que pretende sacrificar el mínimo vital de quienes producen el agua para alimentar el lucro de quienes solo la consumen.

Nuestra misión es cerrar estas brechas. Solo al hacer latir el Triángulo ético VRC, el agua dejará de ser un botín de exclusión para convertirse en lo que siempre debió ser: el hilo de vida que nos une.

NOTA de N: Caminar la palabra en Barichara fue encender un fuego que ya no se apaga solo con agua. Quien siembra el agua tiene el derecho ancestral y sagrado de ser el primero en calmar su sed, como diría Galán. Ni un dato oculto más, ni una gota de veneno más.

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