Como sentenció en enero pasado el primer ministro de Canadá en su histórico discurso en Davos, en el brutal escenario internacional actual “si no estás en la mesa, estás en el menú”.
Esta frase debería resonar en los países latinoamericanos tras la depredadora Estrategia de Seguridad Nacional publicada el año pasado por el gobierno de Trump, que —como hemos comentado en columnas anteriores— comenzó a ejecutarse en Venezuela, hoy convertida en un protectorado de Estados Unidos.
Y aunque durante el gobierno Petro temas como el eventual ingreso del país a la Nueva Ruta de la Seda o las relaciones con Venezuela y Estados Unidos generaron intensos debates en la opinión pública, la política internacional no tiene hoy el mismo protagonismo en la campaña presidencial.

Esto resulta preocupante, no solo por la importancia de la política exterior como herramienta para la inserción internacional del país —capaz de potenciar fortalezas y mitigar vulnerabilidades—, sino porque en un escenario tan desafiante como el actual, carecer de diagnóstico y estrategia se paga caro. Para no ir muy lejos, basta recordar la pérdida de Panamá en 1903.
Los candidatos no pueden usar la política exterior para hacer una oposición simplista al gobierno ni limitarse a repetir acríticamente sus propuestas. Los delicados retos que plantea para Colombia la impulsividad política de Estados Unidos no se resuelven con “una llamada”, como olímpicamente propone Abelardo de la Espriella. Tampoco es responsable —ni compatible con la soberanía— regresar al alineamiento automático con la superpotencia, como sugieren los aspirantes del centro y la derecha.
Es fundamental que la campaña de Cepeda les explique a los ciudadanos cómo avanzaría hacia una verdadera “autonomía estratégica” y qué hará para profesionalizar nuestra diplomacia. Al mismo tiempo, resulta suicida —en la incierta geopolítica actual— propuestas como la de Paloma Valencia y De la Espriella, que despojarían a la Cancillería de funciones políticas para que haga la tarea que hoy cumple el Ministerio de Comercio Exterior.
Señores candidatos: ya basta de estar, muchas veces voluntariamente, en el menú de las grandes potencias. Un país con el potencial geopolítico de Colombia debe contar con una estrategia de política exterior que convierta ese potencial en poder real para avanzar hacia la paz y el desarrollo sostenible.










