Hay personas que trascienden por lo que construyen, pero sobre todo por la forma en que acompañan a otros a construir. En una región que necesita referentes, reconocer a quienes han aportado con liderazgo, visión y generosidad no es un gesto simbólico. Es una manera de entender el tipo de empresarios que requiere Santander.
Conocí a Rafael Marín hace poco más de seis años, en un momento en el que Prosantander retomaba su camino y yo iniciaba mi gestión al frente de Camacol. En ese primer encuentro entendí que estaba frente a un líder distinto. Siendo el mayor referente del sector, tuvo la disposición de tenderme la mano, de ayudarme a abrir espacios y de darme la bienvenida, al gremio y a la ciudad. Ese gesto, que podría parecer simple, dice mucho de su forma de liderar.
Desde entonces coincidimos en múltiples escenarios. Durante la pandemia, cuando el país enfrentaba una de las mayores incertidumbres de su historia reciente, su liderazgo fue determinante. En la campaña #DeEstaSalimosJuntos y en las conversaciones para la reactivación de las obras y de los centros comerciales, su presencia fue constante. Bucaramanga logró destacarse en ese proceso y buena parte de ese resultado se explica por la capacidad de articulación y la determinación de líderes como Rafael.
Más adelante, desde el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, tuvimos la oportunidad de sostener conversaciones en torno a un propósito común. Cómo fortalecer una empresa estratégica para la región y cómo aprovechar su capacidad técnica y operativa para cerrar brechas en materia de agua potable y saneamiento en todo el departamento. Siempre hubo en él una visión amplia, una mirada que trasciende lo inmediato y que entiende el desarrollo como un esfuerzo colectivo.
Su paso por la presidencia de la Junta Directiva de Prosantander deja una huella indeleble. Ha sido un actor clave en la consolidación de una agenda estratégica para la región, impulsando conversaciones en temas tan relevantes como la infraestructura vial, la conectividad logística, la transición energética “a la santandereana” y más recientemente nuestro propósito en común: el agua como motor del desarrollo del departamento. Su empuje y su capacidad de ejecución han contribuido de manera decisiva a posicionar a Prosantander como una de las organizaciones más influyentes de la región.
Pero hay un rasgo que vale la pena resaltar. A pesar de la magnitud de sus responsabilidades, Rafael siempre ha tenido tiempo para escuchar, orientar y acompañar a quienes aspiramos a seguir construyendo desde el liderazgo empresarial. Esa combinación entre exigencia y generosidad es, quizá, una de sus mayores virtudes.
Hoy quiero referirme a este gran santandereano para reconocer su aporte a la región. Santander necesita líderes que no solo ejecuten, sino que también formen y abran camino para otros.
Ojalá los empresarios podamos seguir contando con su guía. Felicitaciones, Rafael.









