Hannah Arendt, la filósofa judía de origen germano, nacionalizada estadounidense, pensó el fenómeno del nacimiento de los seres humanos en términos de “la novedad radical”: el milagro del que somos capaces los humanos. Con cada nacimiento de un niño surge un mundo de posibilidades, porque cada comienzo instaura una ganancia de libertad que confiere a la realidad del mundo que lo recibe. Para una sociedad histórica nada es tan importante como el nacimiento de sus niños, porque cada uno trae una posibilidad de existencia y de acción social. Por eso quienes los reciben solo pueden abrigar buenas esperanzas en su pecho.
Por analogía, puede decirse que cada nueva administración del poder ejecutivo de un Estado moderno es la novedad de un nuevo comienzo, acompañada por las mejores esperanzas. Una nueva posibilidad de gobernar a una nación nace, como una novedad, con la nueva administración que han escogido los ciudadanos votantes por mayoría. En este nacimiento todo es esperanza: vendrán tiempos mejores. El nacimiento irrumpe con la avasalladora fuerza de lo imprevisto y lo imprevisible. La novedad de un nuevo gobierno, como la del niño que ha nacido, no está destinada a ser explicada en su mismo existir, sino que está predestinada a ser narrada. El nuevo gobierno que nace se inscribe en el relato de la biografía de la nación colombiana.
La promesa del nuevo gobierno, frágil e insegura, nos permite establecer una relación de confianza con el cuerpo de ciudadanos que conocemos como nación. Es que solamente podemos soportar el carácter imprevisible de las acciones de los otros, conforme a su libertad, si tenemos fe en una promesa, el problema moral por excelencia. En esta oportunidad, la promesa política ofrece una “patria milagro”. Cuánta esperanza se ha puesto en esta promesa. Por eso la misma Arendt dijo que la capacidad de la promesa es el problema central de la política, porque instaura algo fiable en el seno de una sociedad que es incierta e incalculable, contingente. Los narradores de la biografía de la nación están expectantes, listos para observar el derrotero de la ambiciosa promesa política en los próximos cuatro años.











