Si el presidente de Colombia debe o no tener doble nacionalidad es un debate que excede el ámbito jurídico y que integra aspectos políticos, éticos, sociales y culturales que son del interés de todos los colombianos. Esta discusión se da en todos los países y su regulación va desde la prohibición estricta hasta la permisividad total pasando por la regulación con restricciones.
En el continente asiático, China, Japón e India tienen prohibiciones estrictas contra la doble nacionalidad. En Europa, Austria incorpora una prohibición general aceptándola solo en casos excepcionales, mientras otros países manejan una gama más o menos restrictiva para otorgar su nacionalidad. En Australia, su Constitución prohíbe la doble nacionalidad para ser elegido congresista. En nuestro continente, México permite la doble nacionalidad, pero establece límites para el Presidente y otros altos cargos que están reservados para mexicanos por nacimiento que no adquieran otra nacionalidad.
Estados Unidos permite la doble nacionalidad, pero para ingresar a los organismos de inteligencia, la carrera diplomática o las fuerzas armadas se suele exigir la renuncia a cualquier ciudadanía extranjera al tratarse de cargos que requieren credenciales de alta seguridad. Es llamativo el caso de Ted Cruz, excandidato presidencial en EE. UU. fustigado por Trump por tener doble nacionalidad y quien en 2014 renunció a su ciudadanía canadiense tras las presiones políticas y sociales, aunque el debate jurídico no se resolvió.
En cuanto a Colombia, la evidencia sugiere una amplia permisividad pues el presidente Petro ha gobernado con doble nacionalidad mientras el candidato De la Espriella aspira a sucederlo con tres nacionalidades. Lo más preocupante es que para asumir la ciudadanía de EE. UU. el candidato en cuestión debió hacer el “juramento de lealtad” del cual trascribo un fragmento: “Por la presente declaro, bajo juramento, que renuncio absoluta y enteramente y abjuro de toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera, de quien o de los que hasta ahora he sido súbdito o ciudadano”.
Lo anterior explica la carta de varios exmagistrados de las altas cortes y docentes universitarios quienes alertan sobre la “incompatibilidad de la nacionalidad estadounidense con el cargo de Presidente de Colombia” (https://bit.ly/4utg2DL) pues en su concepto “no puede ser presidente quien, de manera solemne y con efectos jurídicos, al nacionalizarse estadounidense, ha renunciado en forma absoluta a toda lealtad y fidelidad hacia nuestro país”.
Aunque suscribo la mayoría de argumentos de la carta, considero que lo correcto es que el presidente de Colombia sólo defienda los intereses de nuestro país, por eso Petro debería renunciar a su ciudadanía italiana antes de dejar la presidencia y el candidato De la Espriella debería renunciar a sus otras nacionalidades mientras sea candidato.











