Para muchos, entre ellos yo, Patria es aquella comunidad de ciudadanos libres, unidos por instituciones, leyes y derechos que confieren dignidad, sin importar la etnia, ni la religión, ni las ideas, ni las preferencias de cualquier tipo. Así, donde cabemos todos bajo las mismas reglas, nos hacemos compatriotas.
La Patria no puede reducirse a un apoyo a una selección de futbol. Mi apoyo es incondicional a ambas, pero sin confundirlas.
Como la Patria es una comunidad de ciudadanos de diversa índole, se puede tener varias nacionalidades sin dejar de ser colombiano, sin dejar de ser patriota y menos compatriota. Pero hay una excepción en el caso de aspirar a representar la Nación, a la soberanía colombiana y a los intereses de la Patria. Es el caso de quien jura defender los intereses económicos, militares, políticos y soberanos de los Estados Unidos de Norteamérica. Ahí, hay incompatibilidad e inconstitucionalidad, a menos que renuncie a la nacionalidad del país del norte. El problema no es exclusivamente jurídico, es político, económico y militar.
El candidato presidencial, incurso en esta inhabilidad, ha manifestado tener la ciudadanía americana, que pareciera exhibir con mayor orgullo que la colombiana. También ha dicho que milita en el partido republicano, al tiempo que critica de día a los partidos colombianos, mientras los recibe en la noche para acuerdos de diversa índole. No se puede servir a dos señores. El candidato en cuestión nos ha dejado saber a quién servirá.
No es demócrata quien no respeta a las minorías. La democracia no es solo elecciones, es separación de poderes con colaboración armónica, es libertad de expresión, es acatamiento a las normas, es Estado social de derecho. Éste último es el que nos da la libertad y la dignidad.
No es aceptable ni la pérdida de soberanía, ni la tiranía del Estado, ni la inequidad, ni el constreñimiento económico, ni el desorden social. Por tal razón, sería una sobre simplificación hablar hoy, de izquierdas y derechas. Para las grandes corporaciones tecnológicas, el neoliberalismo está superado y la democracia es un proyecto fallido para el nuevo orden: el gobierno de las corporaciones y no el de las naciones.
Pensemos en unir nuestros ideales con el futuro de Colombia, y nuestras vidas, con el destino de la nación. Si aceptamos que la patria es una sociedad abierta que admite la crítica, si creemos que la patria se expresa en la paz, los derechos y la justicia social, no debemos elegir a un ciudadano que sirve a los intereses de las corporaciones tecnológicas y al presidente americano que lo respalda.
Defendamos la democracia, la soberanía, los derechos y la dignidad de los colombianos.











