Publicidad

Columnistas
Miércoles 17 de junio de 2026 - 01:00 AM

¿Amanecerá y veremos?

Compartir

Un hábito común entre las personas es afirmar, negar o suponer gran cantidad de sucesos como si se tuviera la claridad suficiente para estar seguro de lo que se dice. Y aquí vale la advertencia: esto no es algo que se limite a determinados individuos, grupos, organizaciones y tampoco es algo que le pase más a quienes se ubiquen en un extremo de pensamiento que en el otro. Esto es algo que le pasa a cualquiera, durante mucho tiempo, a lo largo de su vida.

“Hablar sin saber”, “enseñar sin entender”, “opinar sin comprender” son algunas de las expresiones en las que se enmarca este fenómeno. Estas expresiones, que no escapan al sesgo antes mencionado, se manifiestan a diario en la realidad, normalizando la discordancia en las relaciones entre allegados, desconocidos, autoridades o personas que ejercen alguna jerarquía como profesores y estudiantes, funcionarios y ciudadanos, padres, hijos y hermanos, y, en definitiva, incluso en los amigos más cercanos.

¿Pero qué podría salir mal? La respuesta es relativa porque cada quien valora a su manera esta forma de vivir en sociedad. Lo preocupante es que adaptarse a esta dinámica, e incluso valerse de ella, pone en riesgo el desarrollo de la conciencia de cada individuo, es decir, su capacidad para reconocerse como responsable de sus pensamientos, palabras y acciones, la influencia que ejercen sobre los demás y, de manera similar, reconocer al otro en su propia integridad y en la responsabilidad de sus actos.

Minar la conciencia por la basta costumbre de hablar sin saber, exigir sin colaborar, suponer sin comprobar, fallar sin reconocer y otras prácticas habituales de las que ninguno de nosotros está exento, y con las que buscamos “salir bien librados”, es una manera efectiva de atrofiar la capacidad de crecer en afecto hacia nosotros mismos y, en consecuencia, hacia los demás.

Reconocer con amplitud y honestidad los defectos y las virtudes que nos constituyen y que se expresan en nuestras palabras y acciones, sin ocultar esa cara perversa que se justifica buscando algún tipo de ventaja sobre los demás, desencadena una ruptura con nuestro sobrevalorado imaginario, tanto personal como colectivo. Nos pone a transitar por un nuevo camino donde nuestros pasos y nuestras decisiones no perseguirán hacernos sentir mejor, sino buscarán que otros también puedan caminar con esa paz y libertad.

“Amanecerá y veremos” dice una expresión popular que pone en entredicho lo que pueda pasar con el tiempo: lo que se espera como resultado y comprobación. Pero en este texto es una pregunta o mejor dicho son dos: ¿amanecerá?, ¿veremos?

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día