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Jueves 18 de junio de 2026 - 01:00 AM

¿Es la familia tradicional garante de los derechos de las mujeres?

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Es una pregunta legítima cuando de lado y lado del planeta dirigentes políticos de derecha pretenden retroceder en el tiempo para recuperar la supuestamente perfecta familia tradicional. La “normal”, biparental, con hijos e hijas (ojalá la parejita) y mascota; con un hombre proveedor y una mujer dedicada al hogar. La familia que alberga una “reina del hogar” – sin reino, sin trabajo remunerado ni cuenta propia - y el “capitán de la casa” quien lleva las riendas sin saber ponerse las chancletas.

Esta pretendida familia “modelo” (“…ejemplar que por su perfección se debe seguir e imitar” - RAE), no solo no rima precisamente con “hogar dulce hogar” sino que poco corresponde a la realidad actual. De cara a los cambios socioculturales y económicos se ha ampliado el espectro de tipos de familia legalmente reconocidos, como: nuclear (tradicional y considerada ideal), monoparental (cuando un solo padre, generalmente la madre, asume todas las responsabilidades), homoparental (con dos personas del mismo sexo, con posibilidad legal de matrimonio y adopción de hijos/as), reconstituida (con “los míos, los tuyos y los nuestros”), sin hijos/as, y “multiespecies” (con “humanización” de mascotas, consideradas miembros legales de la unidad familiar).

Así las cosas, la familia tradicional como única vigente queda relegada al baúl de los recuerdos. Esta familia, compuesta por una mujer con roles domésticos, de reproducción y crianza y un hombre con roles activos en espacios públicos pone en riesgos los derechos ahora reconocidos de las mujeres y la niñez. Cuando la responsabilidad económica, y el poder que confiere, se concentra en una sola persona, esta tiende a abusar de este poder. Así el “hombre de la casa” domina a “su mujer” quien depende totalmente de él. Esta dinámica autonomía/dependencia, cuando querer se conjuga más como tener que como amar, conlleva relaciones dominación/sumisión que son caldo de cultivo de violencias. De hecho, la mayor parte de las violencias contra mujeres y niñas, incluidas las sexuales, se dan en la familia.

Las últimas cifras de la Encuesta nacional del uso del tiempo en Colombia (DANE) presentadas por Vanguardia indican, entre otras cosas, que las mujeres dedican más del doble de tiempo a actividades domésticas y de cuidado - no remuneradas – que los hombres. Esta proporción vale también para las familias tradicionales en las que tanto papá como mamá trabajan fuera de casa. Familias en las que no ha llegado la noción de “corresponsabilidad” que implica el “reparto equilibrado de las tareas domésticas y el cuidado de menores o dependientes entre los miembros del hogar, evitando que estas labores recaigan históricamente sobre las mujeres”. Los roles de género rígidamente congelados en la tradición siguen causando estragos. Es esta misma tradición que el candidato abogado jura respetar y defender como sea.

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