La Luz o la Oscuridad, el Bien o el Mal, son ejemplos de sustancias imaginarias que los maniqueístas de todos los tiempos nos presentan para obnubilar nuestro entendimiento. Ahora algún político nos convida a votar por la sustancia de la Vida, con lo cual sitúa a su contrincante en la sustancia de la Muerte. Esos maniqueísmos, que proceden del parto Mani y llegan a Agustín de Hipona, nos atormentan el entendimiento, porque no dejan lugar para los claroscuros de toda realidad. Una pregunta maniquea con la que se fatiga a los historiadores es esta: ¿Bolívar o Santander? Como el primero es el protagonista de todas las películas, necesariamente el segundo es el antagonista en los guiones cinematográficos, maniqueos por género.
Pero hay que ver los claroscuros de la temprana relación entre esos dos hombres notables de nuestra historia. Santander formó la Vanguardia del Ejército Libertador en el Casanare, durante la primera mitad del año 1819, hasta presentar en el cuartel de Tame 2.072 reclutas armados: 982 de infantería, organizados en dos batallones, y 1.082 de caballería, organizados en seis cuerpos castrenses. Fueron los primeros en atacar el punto de Paya, en llegar a Socha y en establecerse en Corrales, listos para librar los tres combates que le permitieron a Bolívar entrar al palacio virreinal de Santafé. Pero esta claridad patriótica de los granadinos tiene que ser matizada por unas sombras incómodas: Santander pudo hacerlo porque tenía el grado de general de brigada del Ejército de Venezuela, y porque Bolívar le entregó 1.000 fusiles con sus bayonetas, 53 carabinas y más de 20.000 cartuchos, obtenidos gracias al gran rodeo de novillos de Barinas y Apure que le permitió al general Páez embarcarlos hacia las Antillas y cambiar el dinero que le dieron por armamento de contrabando.
Cuando se examinan los maniqueísmos se descubren las falsedades de las antinomias simples, porque tienen como misión nublar nuestro entendimiento con falacias políticas. Perito en ellas, Jeremy Bentham nos recordó en 1816 que falacia política es el nombre que damos a un argumento fabricado con el propósito de inducirnos a engaño, para hacernos adoptar una opinión equivocada.












