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Jueves 06 de agosto de 2026 - 01:00 AM

El país que decidió Renacer

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Mañana, 7 de agosto, no será únicamente el día de una posesión presidencial. Será el día en que millones de colombianos volveremos a mirar el futuro con esperanza.

Las elecciones de este año dejaron algo más importante que un ganador. Dejaron un mensaje. Una parte mayoritaria del país expresó, en las urnas, que quería un rumbo distinto. Que estaba cansada de la polarización permanente, de la inseguridad, de la incertidumbre económica y de la sensación de que Colombia había dejado de avanzar.

Por eso, la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia representa mucho más que una victoria electoral. Representa la posibilidad de recuperar la confianza.

La confianza es uno de los activos más importantes de una nación. Cuando existe, llegan la inversión, el empleo, el emprendimiento y la tranquilidad. Cuando desaparece, las personas dejan de creer, los empresarios dejan de invertir y los jóvenes comienzan a pensar que su futuro está en otro país.

Muchos sentimos que, desde el día de su elección, el ambiente cambió. No porque los problemas hubieran desaparecido de un momento a otro, sino porque volvió algo que Colombia había ido perdiendo lentamente: la esperanza de que las cosas pueden hacerse de otra manera.

No todos comparten esa percepción, y eso hace parte de la democracia. Pero quienes respaldamos este proyecto tenemos ahora una enorme responsabilidad. No basta con celebrar una victoria. Hay que acompañar las decisiones acertadas, señalar con respeto aquello que deba corregirse y entender que el verdadero patriotismo no consiste en defender a un gobierno, sino en defender a Colombia.

En ese sentido, el nacimiento de Defensores de la Patria también representa una oportunidad. Ojalá sea un movimiento que convoque a ciudadanos capaces, preparados y honestos; personas que entiendan que la política no puede seguir siendo un escenario para los intereses personales, sino un espacio de servicio.

Como psiquiatra, he visto cómo una persona empieza a sanar cuando deja de convencerse de que todo está perdido. Las naciones también necesitan recuperar esa capacidad de creer en sí mismas. El pesimismo paraliza. La esperanza moviliza.

No espero milagros. Espero liderazgo. Espero autoridad ejercida dentro de la Constitución. Espero respeto por las instituciones, una lucha frontal contra la criminalidad, un Estado que proteja al ciudadano honesto y un gobierno que entienda que la libertad también es una forma de dignidad.

Los próximos cuatro años serán la oportunidad para demostrar que el cambio no era un simple discurso de campaña. Será el momento de convertir las palabras en resultados.

Si eso ocurre, habrá valido la pena.

Y si Colombia logra recuperar la confianza en sí misma, el mayor triunfo no será el de un presidente ni el de un partido político. Será el triunfo de un país que decidió dejar atrás el miedo y volver a creer en su propio destino.

Bienvenidos a la clínica del alma.

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