Durante décadas concentramos capacidades para ganar eficiencia. Para hacer una transacción íbamos al banco; comprábamos en grandes almacenes; la electricidad provenía de enormes generadores; trabajábamos en oficinas y las comunicaciones dependían de grandes infraestructuras centralizadas.
La tecnología cambió silenciosamente esa arquitectura.
Hoy llevamos el banco en el celular, compramos desde cualquier lugar, trabajamos para empresas ubicadas a miles de kilómetros y hasta nuestros techos pueden producir electricidad.
Lo interesante es que distribuir capacidades no eliminó las redes, las fortaleció.
Quizás deberíamos aplicar ese mismo concepto al desarrollo territorial.
Durante décadas hemos concentrado población, empresas, servicios, educación, salud y oportunidades alrededor de grandes ciudades. Santander no ha sido la excepción. Bucaramanga y su área metropolitana se fortalecieron mientras buena parte del talento, capital y oportunidades de las provincias migraron hacia ellas.
No propongo insinuar un debilitamiento de nuestro principal centro. Todo lo contrario: necesitamos un Área Metropolitana de Bucaramanga mucho más fuerte. Pero quizás podamos crecer todavía más si dejamos de pensar el desarrollo exclusivamente desde la concentración.
El reto no debería ser simplemente distribuir la riqueza existente, sino distribuir la capacidad de crear nueva riqueza.
Colombia viene promoviendo ser un país de regiones, con una mayor integración regional. Santander lleva años hablando de desarrollo territorial equilibrado, conectividad e integración. Sus ejercicios de planeación incluso incorporan conceptos como ordenamiento policéntrico, integración urbano-rural y conectividad multimodal y digital.
¿Y si realmente construyéramos nuestro desarrollo alrededor de esa lógica?
No necesitamos que todos los municipios hagan lo mismo ni que cada uno tenga de todo. Necesitamos descubrir qué puede hacer extraordinariamente bien cada territorio, promover allí esas capacidades y conectarlas con las demás.
Así como una red eléctrica puede integrar múltiples generadores, Santander podría convertirse en una red de generadores de valor distribuido: territorios especializados y complementarios produciendo, comprando, vendiendo, intercambiando conocimiento y creando oportunidades entre ellos.
Pero distribuir sin conectar solamente produciría aislamiento.
Evidentemente, requerimos infraestructura, tecnología y comunicaciones que faciliten la interacción entre la oferta y la demanda dentro de Santander; que permitan conectar personas, productos, servicios, conocimiento y capital por todo el departamento. Después necesitaremos grandes nodos multimodales —carretera, ferrocarril, río y aeropuertos— que conecten esa red con Colombia y otras regiones.
Antes de preguntarnos cómo conectar Santander con el mundo, deberíamos preguntarnos qué tan interconectado está Santander consigo mismo.
La banca, la energía, el comercio y las comunicaciones ya demostraron que distribuir capacidades no significa perder escala cuando existe una buena red que las conecta.
Tal vez el desarrollo pueda aprender de la misma experiencia. El futuro no tiene por qué ser concentrado ni disperso. Puede ser distribuido y conectado.












