Ceuta es un enclave español en el norte de África, separado de la península ibérica por el mar Mediterráneo. Esta ciudad autónoma, de unos ochenta mil habitantes, fue escenario, la semana pasada, de una crisis migratoria sin precedentes por la llegada de unos sesenta mil marroquíes, principalmente jóvenes.
Si bien el momento más álgido de esta crisis duró poco más de un día, es fundamental comprender sus causas y los eventuales efectos políticos que, por lo visto, se van a prolongar por mucho más tiempo.
Comencemos por plantear qué pudo haber provocado que, por primera vez en la historia, tantas personas cruzaran irregularmente, en un mismo día, una frontera europea, algo que no sucedió ni siquiera en medio de la llamada crisis de los refugiados de 2015. El episodio, sin embargo, recuerda el incidente de 2021, cuando Marruecos relajó los controles fronterizos en medio de la crisis provocada por la decisión del Gobierno español de permitir la entrada al país del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
No obstante, en este nuevo episodio, además de Pedro Sánchez y del rey Mohamed VI de Marruecos, es importante considerar el papel de Trump. Esto último porque, si bien el viaje del presidente español a Argelia —que significó el deshielo de las relaciones con ese país, rival de Marruecos y aliado político, militar y diplomático del Polisario en su lucha por la independencia del Sáhara Occidental— es un movimiento que incomoda a Rabat y puede motivar un chantaje migratorio sobre España, también es posible que Trump se haya valido de su ascendencia sobre Mohamed VI, quien recientemente le ofreció bautizar con su nombre una carretera en el sur de Marruecos, para cobrarle a España su resistencia a destinar el 5 % de su PIB a defensa o a poner a disposición sus bases de Rota y Morón en el contexto de la guerra contra Irán.
Lo anterior no riñe con otras teorías sobre lo sucedido en Ceuta; por el contrario, las complementa. Entre ellas, la posible manipulación de las redes sociales por parte de organizaciones criminales dedicadas al tráfico de personas, que habrían distorsionado el alcance de una decisión del Tribunal Supremo de España que prohíbe la devolución inmediata, o “en caliente”, de las personas interceptadas cuando intentan llegar por mar.
En lo que se refiere a los efectos de esta crisis, estos no solo impactan al Gobierno socialista de Sánchez y su política migratoria, sino que también profundizan las divisiones y desconfianzas al interior de la Unión Europea, como lo demuestra la propuesta de Italia y Finlandia de suspender a España del espacio Schengen.

Finalmente, las imágenes de miles de marroquíes llegando a Ceuta serán combustible electoral para la extrema derecha europea, en Francia, Reino Unido, Alemania y España, que coincide con Trump en su narrativa de una apocalíptica invasión migratoria.











