Publicado por: Editorial
La denuncia de Vanguardia sobre el calamitoso estado del inmueble en el que funcionó el Archivo Departamental produjo una rápida respuesta de la Gobernación de Santander, que se comprometió con su restauración, lo cual es un primer paso que merece ser reconocido y aplaudido. Sin embargo, este caso nos obliga a resaltar que lo que tenemos en Bucaramanga es un problema estructural, pues no se trata únicamente de una casa ruinosa, sino de una situación que afecta a decenas de ellas, especialmente en el perímetro histórico, donde el deterioro avanza sin que exista, hasta ahora, una política para detenerlo.
El abandono de estas edificaciones constituye un riesgo inminente para la integridad física de quienes transitan a diario por sus frentes, porque puede ocurrir el desprendimiento de una fachada o el colapso parcial de una estructura antigua que afecte gravemente a peatones, comerciantes y conductores que se ven expuestos a una tragedia que sería de una gravedad moral y jurídica incalculable. Las autoridades no pueden seguir postergando las evaluaciones técnicas perentorias que determinen el nivel de riesgo de cada una de estas propiedades, pues la seguridad pública es una obligación ineludible.
Y más allá del peligro físico, el estado de estos predios constituye un despilfarro silencioso de un activo invaluable, como lo es el suelo y la historia de la ciudad. Cada casona abandonada es una oportunidad perdida para generar desarrollo económico y renovación urbana, ya que, en lugar de ser focos de inseguridad, estas estructuras podrían transformarse en motores de reactivación si se les diera un uso acorde a su valor patrimonial y privilegiada ubicación. El desinterés oficial ha convertido estos bienes en pasivos, cuando su potencial para convertirse en activos culturales, turísticos o institucionales es inmenso y evidente.
La decisión de la Gobernación de recuperar el Archivo Departamental debe, por tanto, ser el comienzo de una política más ambiciosa y sistemática, pues es necesario que el departamento y el municipio hagan un inventario completo de los predios abandonados en el centro de la ciudad para establecer su condición, con el objetivo no solo de salvarlos del derrumbe, sino de rehabilitar estos espacios para la ciudadanía, devolviéndoles su razón de ser.
Estas casonas restauradas pueden descentralizar una dependencia gubernamental, convertirse en un centro cultural, un museo o una galería; unas más pueden ser habilitadas como pequeños hoteles o restaurantes, atrayendo a un turismo que busca este tipo de experiencias en los centros históricos. Esta reconversión es un modelo que ha funcionado en numerosas ciudades del mundo y que generaría nuevos comercios, servicios y flujos turísticos que dinamizarían la zona céntrica, creando empleo y mejorando la calidad de vida de sus habitantes. Frente a esto, el costo de una intervención integral sería una inversión baja con un retorno asegurado a mediano y largo plazo.











