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Editorial
Lunes 21 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

El reto demográfico local es más serio de lo que parece

Publicado por: Editorial

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El área metropolitana de Bucaramanga ha superado este año el millón 300 mil habitantes, según el más reciente Informe de Calidad de Vida del Programa Cómo Vamos, un dato que, al desglosarse, deja ver una transformación profunda sobre la que hay que poner especial atención, pues el crecimiento demográfico se ha desacelerado hasta un 0,3 % anual, además de que la estructura de edades prácticamente ha dado la vuelta y las consecuencias de este fenómeno, si no se trata con la seriedad y urgencia que implica, pueden ser muy negativas.

El caso es que entre 2018 y 2026, la población de 0 a 14 años disminuyó un 4 %, mientras que el número de personas de 65 años o más aumentó un 29 %, con lo que el índice de envejecimiento alcanzó el máximo histórico de 58 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años, que es la evidencia de que el área metropolitana ha entrado en una etapa demográfica distinta, con menos nacimientos y una esperanza de vida que, afortunadamente, se extiende.

La reducción de la natalidad es un factor determinante en esta nueva situación. En 2025 se registró la tasa más baja de la historia, con 7,8 nacimientos por cada mil habitantes, que en números brutos representaron 306 niños menos que en 2024 y 7.089 menos que en 2016, es decir, cada vez hay menos relevo generacional, lo que plantea múltiples desafíos para la sostenibilidad de los servicios, la economía local y el mercado laboral futuro, entre otros.

En términos generales, todos tenemos claro que la ciudad no está preparada para asumir este envejecimiento poblacional. En 2026 teníamos 45,6 personas por cada 100 en edad productiva, y hoy la población activa crece a un ritmo menor que la población mayor, lo que debe mover la preocupación del Estado hacia los sistemas de salud, pensiones y cuidado, porque la base de trabajadores que los financia comienza a estancarse. Los adultos mayores requieren más consultas, hospitalizaciones y tratamientos para enfermedades crónicas. Sin embargo, la oferta de geriatras, enfermeros especializados y cuidadores profesionales es insuficiente para una demanda que hoy el sistema no logra cubrir adecuadamente.

La infraestructura urbana también es hostil para los mayores. Las aceras estrechas, los semáforos con tiempos cortos, la falta de rampas y ascensores en edificios públicos y privados, y un transporte masivo diseñado para usuarios ágiles convierten desplazamientos cotidianos en obstáculos difíciles de superar porque la ciudad le exige una destreza física que ya no posee.

El tejido social, entre tanto, se resiente, pues el aumento de adultos mayores que viven solos eleva el riesgo de depresión, abandono y vulnerabilidad ante emergencias. La responsabilidad del cuidado recae de forma desproporcionada en las familias y, dentro de ellas, en mujeres de mediana edad que deben equilibrar empleo, cuidado de hijos y atención a padres ancianos. Esta sobrecarga afecta su salud mental, su vida laboral y su propia seguridad económica.

Publicado por: Editorial

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