El próximo domingo Colombia volverá a las urnas. Muchos dirán que se trata de una elección entre la derecha y la izquierda. Otros la presentarán como una confrontación entre dos personalidades opuestas. Algunos se concentrarán en las propuestas, las promesas y los programas de gobierno.
Yo creo que esta elección se trata de decidir si queremos continuidad o cambio.
Los colombianos debemos responder una pregunta fundamental: ¿estamos satisfechos con el rumbo que ha tomado el país?
Cada ciudadano tendrá su propia respuesta. La mía es clara.
No lo estoy.
Veo un país atrapado en la incertidumbre. Veo empresarios que dudan antes de invertir. Veo ciudadanos preocupados por la seguridad. Veo familias que sienten angustia frente al futuro. Veo una nación que, en lugar de avanzar con confianza, parece debatirse permanentemente entre la confrontación y la improvisación. Veo un país en donde la problemática de salud mental ha ido creciendo de una manera impresionante, precisamente por el miedo y la incertidumbre que nos ha sembrado el gobierno actual.
Por eso considero que esta elección no consiste simplemente en escoger un nuevo presidente. Consiste en decidir si queremos profundizar el modelo que hoy gobierna a Colombia o si queremos abrir una etapa diferente.
Respeto a quienes respaldan a Cepeda. La democracia exige reconocer el derecho que tienen millones de colombianos a pensar distinto.
Pero también considero que su candidatura representa la continuidad política e ideológica del gobierno actual. Representa la prolongación de una visión de país que, en mi opinión, no ha entregado los resultados que muchos esperaban, el supuesto gobierno del cambio y que adicional ha incrementado las dudas sobre el futuro de Colombia.
Por eso no votaré por la continuidad.
Votaré por el cambio.
Votaré por Abelardo de la Espriella.
Y lo haré con absoluta convicción.
Lo haré porque representa principios que considero indispensables en este momento de nuestra historia.
Veo en Abelardo carácter, determinación, firmeza. Veo una persona que no teme asumir posiciones claras cuando otros prefieren la ambigüedad. Veo liderazgo en momentos en los que Colombia necesita liderazgo.
Muchos consideran que su estilo es fuerte.
Yo creo que los tiempos difíciles exigen fortaleza.
Muchos consideran que habla sin filtros.
Yo creo que Colombia necesita dirigentes que digan con claridad lo que piensan y asuman las consecuencias de sus palabras.
Por eso, cuando entre al cubículo de votación este domingo, no estaré pensando únicamente en propuestas o discursos de campaña.
Estaré pensando en el país que quiero para mis hijos.
Estaré pensando en la Colombia que merecen las próximas generaciones.
Y convencido de que necesitamos un rumbo distinto, votaré por Abelardo.
Porque hay momentos en la historia en los que la pregunta no es quién puede administrar mejor el presente.
La verdadera pregunta es quién tiene la capacidad de cambiar el futuro.
Bienvenidos a la clínica del alma.












