Varias situaciones referidas por los medios y en redes indican que la preocupación excesiva por el cuidado del cuerpo y su apariencia no es siempre saludable y puede resultar peligrosa. En el caso de los procedimientos estéticos que se hacen para “modelar la silueta”, quitar grasa, reducir medidas y peso, aumentar senos o glúteos, las alertas se han disparado tras varios casos fatales ocurridos en diferentes ciudades del país.
El anhelo de modificar su figura afecta a adolescentes y mujeres de todas las edades: estudiantes, amas de casa, profesionales en ejercicio, mujeres que ahorran previamente o hacen préstamo anticipado, mujeres que vienen de otros países porque Colombia tiene fama en el medio y sale económico cuando se vive en dólares… En común, un deseo de modificar su cuerpo para sentirse mejor, más linda, más conforme a lo que demanda la mirada de los demás. También una insatisfacción frente a su imagen corporal, su peso, sus senos o sus nalgas, su color de piel, su forma de habitar ese cuerpo que la mantiene en vida y es su primera carta de presentación.
Que infortunados accidentes se hayan presentado en clínicas acreditadas o no, de garajes o de lujo, no cambia la pregunta de saber qué es lo que lleva a una mujer a aceptar riesgos inherentes a toda intervención quirúrgica, con anestesia general, posibles alergias o fallas corporales no previsibles, con tal de “verse mejor”.

¿Qué educación genera tantas jóvenes y mujeres insatisfechas con su cuerpo y tan profundamente dependientes de la mirada de los demás? Si bien se sabe que el exceso de grasa abdominal puede ser contraproducente para la salud, se debe entender que se ha de actuar sobre sus causas y que quitarla a punta de “lipo” no soluciona nada. Mujeres occidentales que se dicen empoderadas y autónomas se confeccionan e imponen su propio burka corporal.
Otra manifestación de esta insatisfacción y obsesión por el cuerpo, su salud y, sobre todo, su apariencia, es la adicción de hombres y mujeres a los gimnasios. A veces en contra de su propia salud, su tiempo y con dietas estrictas que incluyen cantidad de alimentos y bebidas “saludables”, hiperprocesados, hiperproteicos, además de costosos y de dudosa proveniencia.
Estas obsesiones por el cuerpo y su apariencia, con silueta duramente moldeada y musculatura exigente, tienen un nombre y estudios especializados. La vigorexia se refiere a la obsesión por el desarrollo muscular del cuerpo y sus apariencias (distinta del fisicoculturismo, que es una disciplina deportiva reconocida). El estudio de este trastorno muestra que está afectando cada vez más a los y las adolescentes, siendo impulsado también por factores sociales y la presión de las redes.










