La demora en la entrega de antirretrovirales afecta a decenas de pacientes en Bucaramanga. Algunos llevan hasta cuatro meses sin tratamiento, mientras médicos advierten sobre los riesgos de interrumpirlo.

Publicado por: Katterine Dimas
En Bucaramanga, el VIH tiene un ritmo que se puede contar en semanas: en promedio, siete personas reciben cada siete días un diagnóstico nuevo. Pero para quienes ya viven con el virus, el tiempo se mide de otra manera. Se cuenta en días sin medicamentos, en semanas de espera, en llamadas que no encuentran respuesta y en puertas que se abren solo para remitir al paciente hacia otra institución.
El VIH dejó de ser, gracias a los avances de la medicina, una condena asociada necesariamente a la muerte. Hoy es una afección crónica y manejable. Con un tratamiento antirretroviral adecuado y continuo, una persona puede alcanzar una carga viral indetectable, es decir, una condición en la que no transmite el virus por vía sexual. Le sugerimos: Así es el panorama del VIH en Santander
Pero, ¿qué ocurre cuando ese tratamiento se interrumpe?
En la capital santandereana, decenas de pacientes aseguran llevar hasta cuatro meses sin recibir una sola pastilla para controlar la infección. Mientras esperan, el virus continúa dentro de sus cuerpos y la incertidumbre se instala en su vida cotidiana.
La situación, según los testimonios recogidos para este informe, está relacionada con la crisis financiera de EPS como Coosalud y con su IPS contratada, la IPS Siam. Le puede interesar: Procuraduría pone bajo la lupa a Coosalud: investigan al presidente de la EPS y a siete directivos

¿Qué está pasando actualmente con la atención a pacientes con VIH en la región?
Diego Ruiz, director de la Corporación Conpazes, explica que la crisis de las EPS, marcada por casos de corrupción, desfalcos y liquidaciones, ha golpeado especialmente a los pacientes de alto costo, entre ellos las personas que viven con VIH.
Por ley, ningún paciente debería quedar sin su tratamiento antirretroviral. Sin embargo, según denuncia Ruiz, Coosalud, que en Bucaramanga contrató a la IPS Siam, no estaría pagando oportunamente a los prestadores. Entre otras: Ana María Vesga será la ministra de Salud de De La Espriella: su perfil y los retos
El resultado, asegura el director de Conpazes, es una cadena de incumplimientos que habría dejado a cerca de 300 pacientes sin medicamentos, algunos durante más de cuatro meses.
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En Santander, de acuerdo con el último boletín epidemiológico del Instituto Nacional de Salud (INS), se han registrado 442 casos de VIH en lo corrido de 2026.

Detrás de cada cifra hay una persona que espera. Una espera que, para algunos pacientes, ya se cuenta en meses y que no solo pone a prueba su salud, sino también su paciencia y su confianza en el sistema.
“Llevo esperando mi medicación hace cuatro meses. Fui a Fundación Siam y allá me dicen que no hay convenio con Coosalud. Fui a Coosalud y allá me envían a Siam, o sea, lo ponen a uno para allá y para acá. Juegan con el tiempo y la salud de uno. Es cierto que es un programa subsidiado, pero tampoco es para que jueguen con la salud de las personas y menos en un tema tan delicado como lo es una enfermedad como el VIH”, expresa uno de los pacientes afectados por esta situación, quien prefirió mantener su identidad en reserva. Le sugerimos: Me dijeron que tengo cáncer, ¿qué hago ahora?
Su relato describe un recorrido que se repite: de una institución a otra, de una respuesta a otra, mientras el calendario avanza y el tratamiento no llega.

¿Qué consecuencias puede tener para una persona con VIH interrumpir o retrasar la toma de su medicamento?
Jorge Iván Marín Uribe, médico microbiólogo clínico, magíster en Enfermedades Infecciosas y en VIH, y candidato a doctor en Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Santander, explica que suspender el tratamiento antirretroviral implica un riesgo alto de reactivación del virus.
La pérdida de adherencia, advierte, también puede favorecer la aparición de resistencia a los medicamentos, lo que puede obligar a cambiar el esquema terapéutico.
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“Esto significa que la persona puede tener una recaída en sus síntomas y además en el inmunocompromiso que esto puede generar, es decir, disminución de su sistema inmune por una reactivación viral”
Para el experto, “debemos recordar que el objetivo fundamental del tratamiento antirretroviral es mantener la carga viral indetectable”. Por ello recordó que si se suspende la terapia antirretroviral, “el virus tiene la capacidad de replicarse rápidamente y llevar a que la persona tenga síntomas y tenga riesgo de infecciones asociadas”
Así, la espera deja de ser únicamente administrativa. Cada día sin tratamiento puede convertirse, para estos pacientes, en una preocupación por sus defensas, por su carga viral y por las complicaciones que podrían aparecer sin estos medicamentos.

Pero la enfermedad no es la única carga. A la incertidumbre por el acceso a los antirretrovirales se suma el peso del estigma. Para algunas personas, contar que viven con VIH significa exponerse al rechazo, a la discriminación o al temor de ser señaladas como personas diferentes.
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“Esta situación me tiene con ansiedad, depresión y he tenido que ir a urgencias porque estoy perdiendo peso. Yo trabajo con una empresa y temo que se enteren de mi situación y comiencen a juzgarme. La salud se va deteriorando, porque estamos expuestos a muchas complicaciones y/o infecciones y eso no es tener calidad de vida”, cuenta visiblemente afectada otra joven que desde hace unos tres meses no recibe los fármacos que bloquean el virus.
El temor de la joven se relaciona con la Resolución 2708 de 2026, que deroga y deja sin efectos 11 circulares expedidas por el Ministerio del Trabajo, entre ellas la Circular Interna 0049 de 2026, que imparte lineamientos para el trámite de autorización de terminación del vínculo laboral de personas amparadas por estabilidad laboral reforzada por discapacidad o condiciones de salud, y desarrolla un cuerpo detallado de requisitos, criterios de valoración y etapas de actuación para los inspectores de trabajo.

¿Desde cuándo se vienen presentando estas denuncias con mayor frecuencia?
El director de Conpazes señala que la crisis actual con Coosalud lleva más de cuatro meses, pero asegura que no se trata de un episodio aislado.
“A inicios de año ya se había denunciado una situación similar con la Nueva EPS, que dejó cerca de 800.000 pacientes sin medicación a nivel nacional. Sumando ambos episodios, calculamos que en menos de un año los pacientes han estado más de nueve meses afectados. Muchas IPS no están atendiendo nuevos diagnósticos por falta de infectólogos y de flujo de recursos”, explica Diego Ruiz.
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En 2025, Bucaramanga registró más de 450 casos de VIH, con una tasa de incidencia de 52,7 por cada 100.000 habitantes. Eso equivale, en promedio, a siete nuevos casos por semana. Del total, el 96,4 % se concentró en el área urbana del municipio.
La cifra, además, podría no mostrar toda la dimensión del problema. Los expertos advierten que por cada persona diagnosticada podría haber varias más que todavía no saben que viven con el virus.

El tiempo también juega en contra
Para quienes esperan sus medicamentos, el reloj no se detiene. Cada semana que pasa sin tratamiento significa más incertidumbre y, según los especialistas consultados, un mayor riesgo para la salud.
Entre más tiempo pase sin terapia, las defensas pueden deteriorarse. Esa disminución del sistema inmunitario puede abrir la puerta a infecciones oportunistas y aumentar el riesgo de hospitalización y otras complicaciones.
La advertencia médica es concreta. “Abre la puerta a la aparición de infecciones oportunistas severas, tales como la tuberculosis, neumonías, infecciones por hongos, infecciones cerebrales, aumentando el riesgo de hospitalización y otras complicaciones, inclusive la muerte”, explica Heyler Lozada Ramos, PhD (C), doctor en Enfermedades Infecciosas.
La especialista agrega que “al aumentar la cantidad de virus se incrementa el riesgo de transmisión a parejas sexuales. Por ello, cuando no se puede garantizar un tratamiento continuo de medicamentos para el virus, puede ser mejor coordinar la toma completa de los medicamentos para evitar el aumento de la resistencia del virus”.
La interrupción del tratamiento, por tanto, no ocurre en un vacío. Mientras los pacientes esperan una respuesta administrativa, también esperan conocer cómo están sus defensas, cómo evoluciona su carga viral y qué consecuencias puede tener para su organismo estar sin medicación.

El otro peso de vivir con VIH: el estigma
La falta de medicamentos no es la única barrera que enfrentan las personas que viven con VIH. También existe una batalla menos visible: la de mantener en reserva un diagnóstico por miedo a las consecuencias sociales que pueda traer revelarlo.
Según el estudio de medición del Índice de Estigma y Discriminación hacia las personas que viven con VIH en Colombia, realizado por Red Somos y Processum junto con el Ministerio de Salud y financiado por el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, una alta proporción de personas que viven con VIH decide mantener oculto su diagnóstico frente a su pareja, familia, trabajo y amigos, principalmente por temor al rechazo, el estigma y la discriminación.
Los datos muestran la dimensión de esa experiencia: el 33 % de quienes han sufrido exclusión la atribuyen a haber sido apartados de actividades sociales; el 41 %, de actividades familiares, y el 10,8 %, de actividades religiosas. Además, el 15,4% reportó haber sido víctima de agresión virtual al menos una vez a causa de su diagnóstico.
El estudio también señala que la discriminación se presenta con mayor frecuencia dentro del propio sistema de salud, posiblemente porque es allí donde existe mayor conocimiento del diagnóstico de las personas.
El 39,4 % de los encuestados, además, refirió haber suspendido o interrumpido el tratamiento antirretroviral en alguna oportunidad.
El impacto también alcanza el ámbito laboral: el 48 % de las personas que perdieron su empleo o ingresos atribuyó esa pérdida a discriminación por parte de su empleador o de sus compañeros de trabajo.

¿Por qué, pese a la gravedad del problema, no se está denunciando ni visibilizando lo suficiente?
Diego Ruiz, director de Conpazes, atribuye esta situación a tres factores. El primero, dice, es la discriminación y el lenguaje desactualizado que todavía utilizan algunas instituciones de salud.
El segundo, señala, es que algunas instituciones priorizan el cumplimiento de metas de cobertura sobre la sensibilización real de la comunidad.
Y el tercero está relacionado con las campañas de prevención, que, según Ruiz, continúan enfocándose principalmente en poblaciones específicas, como trabajadoras sexuales, personas trans y hombres gays, sin atender —asegura— que en Santander la mayoría de los nuevos casos corresponde a mujeres y hombres heterosexuales.
A esto se suma, según los testimonios recogidos, la falta de respuesta de algunas instituciones prestadoras de servicios de salud y entidades gubernamentales.
“Las instituciones no responden. Yo ya fui a la IPS y me mandan a la EPS. Fui a la Alcaldía y me dijeron que tenía que ir a la EPS para la nueva ruta, pero la EPS nuevamente me manda a la IPS. Yo le pido al gobierno, al presidente, a los dueños de las EPS que no jueguen con nuestra salud”, añade otro paciente, quien desde mayo no recibe su tratamiento antirretroviral.
Por ello hizo un urgente llamado: “Que solucionen pronto la entrega de la medicación y me atiendan. Yo para esta fecha tenía exámenes de control y ahora no sé cuándo finalmente los harán”.
La frase vuelve a dibujar el mismo círculo: IPS, EPS, Alcaldía. Una puerta remite a otra mientras los pacientes permanecen en medio, esperando una respuesta que no llega.

¿Qué medidas urgentes se deben tomar en Santander para garantizar la atención prioritaria de estos pacientes?
Tanto el director de Conpazes como las decenas de pacientes que aseguran estar sin tratamiento hacen un llamado para que las organizaciones comunitarias sirvan como puente para reportar los casos de suspensión de medicamentos.
También piden que la Secretaría de Salud Municipal, la Secretaría de Salud Departamental, la Personería y la Superintendencia de Salud generen mecanismos de presión y entreguen respuestas claras sobre los tiempos previstos para solucionar la situación.
Ruiz cuestiona, además, el anuncio del Gobierno de “comprar cartera” para saldar la deuda con las EPS y señala que todavía no se ha explicado de dónde saldrán esos recursos.
Mientras las decisiones institucionales avanzan, los pacientes continúan esperando.
Esperan sus medicamentos. Esperan sus exámenes de control. Esperan conocer cómo están sus defensas y su carga viral. Esperan, en últimas, que una enfermedad que hoy puede ser tratada de manera crónica y manejable no vuelva a convertirse, por falta de atención, en una amenaza para su salud.
“No tenemos información de cómo va nuestro CD4, cómo va nuestra carga viral, qué enfermedades pueden desarrollarse. El control no lo hemos tenido. Entonces, les agradezco que tengan consideración con nosotros. Los pacientes de la EPS Coosalud necesitamos que nos den respuesta al tema de medicamentos y a los exámenes de control de la enfermedad de VIH”, insistió uno de los pacientes que dialogó con Vanguardia.
















