“¿Cómo así que el embajador aún no ratificado por el Congreso de su país anuncia cuáles son los pasos que va a seguir el nuevo Gobierno colombiano con relación a China?”. Esta frase no es del expresidente Petro ni de Iván Cepeda, sino del exministro conservador Juan Camilo Restrepo.
Y es que las palabras de Nate Morris, nominado por Trump para la embajada en Bogotá, en una audiencia ante el Senado de Estados Unidos, según las cuales De La Espriella se habría comprometido a abandonar la Nueva Ruta de la Seda, son tan inaceptables como su exigencia de sustituir los negocios con China por negocios con los gringos, así esto sea perjudicial para nosotros, los colombianos.
La prepotencia imperial obedece a que, durante el gobierno Petro, China se consolidó como el principal origen de nuestras importaciones, con un 28,4 % en 2025, principalmente en teléfonos celulares, componentes electrónicos y vehículos, frente al 24,8 % proveniente de Estados Unidos. Además, nuestras exportaciones al gigante asiático alcanzaron los 1.645 millones de dólares en 2025. Este creciente mercado le da a Colombia un margen de maniobra frente a los chantajes arancelarios de Trump.
Y es que la Nueva Ruta de la Seda, lanzada por China en 2013 y a la que Colombia se sumó mediante un memorando de entendimiento en mayo de 2025, no es solo una iniciativa comercial, pues involucra posibilidades de financiamiento y tecnología en áreas como infraestructura, construyendo puertos, trenes de alta velocidad, aeropuertos y gasoductos en casi 150 países, con inversiones que superan los 2 billones de dólares.
Aunque esta iniciativa no ha estado libre de críticas, como el sobreendeudamiento, lo cierto es que para países latinoamericanos como Perú, en donde a finales de 2024 se inauguró el megapuerto de Chancay, ha sido una alternativa para reducir la influencia estadounidense e impulsar sus economías. Y en el caso de Colombia constituye una alternativa real para modernizar y potenciar la red logística y productiva del país, lo que permitiría, por fin, aprovechar nuestra envidiable posición geopolítica.
Es así como, entre los proyectos más ambiciosos derivados de la participación del país en esta iniciativa global china, se encuentra el corredor interoceánico que uniría el océano Pacífico con el Atlántico a través del departamento del Chocó, que permitiría complementar el Canal de Panamá y hoy está en fase de factibilidad.

Frente a las presiones estadounidenses, el presidente De La Espriella tiene una oportunidad única para demostrarnos que lo de “firme por la patria” es en serio y actuar con dignidad ante la pretensión de Estados Unidos de tratarnos como una república bananera.
Es más, aprovechando la devoción del nuevo presidente por Milei, sería bueno recordarle que este, una vez en el poder, aplacó sus rugidos ideológicos frente a China y sigue en la Nueva Ruta de la Seda, a pesar de su mansedumbre frente a Trump.










