Nos habíamos preguntado si era posible que los colombianos quisieran más de lo mismo, pero, viendo cómo se están dando las cosas, nada será igual; por el contrario, todo será peor y, si optamos por la izquierda, estaremos dándole entrada a un modelo absolutamente comunista de esos que han fracasado estrepitosamente donde quiera que se han implementado.
Cepeda ha sido y será siempre un comunista; lo ha sido por crianza, por educación y, lo peor, por convicción; por lo tanto, si lo elegimos, terminaremos implementando un sistema autoritario con todos los vicios que el modelo contiene. De eso, no nos quede la menor duda, basta tan solo mirar atrás y un poco alrededor.
El candidato Cepeda se ha mostrado últimamente moderado, pero no caigamos en la trampa; Petro, su principal patrocinador, no cumplió con nada de lo que prometió; es más, traicionó a todos aquellos que lo apoyaron, pues el problema no era la administración de un país, sino el intento de imponerle un modelo denominado socialismo del siglo XXI, nombrecito este que disfraza las verdaderas intenciones de la izquierda latinoamericana.
Un ejemplo incuestionable: el candidato Cepeda ha dicho que no habrá asamblea constituyente, pero sí habrá una concertación popular, es decir, el mismo perro con distinto lazo, y estamos absolutamente convencidos de que, una vez elegido, nos llevará a reformar la Constitución porque la actual no le servirá para imponer su modelo de gobierno trasnochado.
Como si esto fuera poco, Cepeda tiene ejército propio, pues desmantelaron el constitucional y le dieron toda la fuerza potencial al movimiento guerrillero que, de ganar la izquierda, será legalizado y con esa fuerza nos impondrán el modelo que desea. No hay candidato perfecto; eso lo tenemos claro, pero sí hay candidatos mejores y peores y es por eso que los colombianos, en las segundas vueltas, siempre hemos votado en contra de… y no a favor de… y esta parece, para algunos, no será la excepción.
Entre un modelo que promueve la dictadura del proletariado y la pérdida de la libertad individual, es cien veces mejor el democrático, pues el otro nos llevará a la gran desgracia nacional; claros ejemplos son aquellos países en los que el modelo se ha implementado, tales como Corea del Norte y, acá no más, Cuba.
Por eso, es una responsabilidad social y moral salir a votar y hacerlo con la sensatez propia que ameritan las circunstancias, pues la elección es sencilla: monopolio de un solo partido, propiedad privada, separación de poderes y mercado libre.
Esta es la oportunidad perfecta para volver a repetir, pero ampliado, el resultado de la primera vuelta y habremos salvado el país.












