Colombia empezó a renacer a partir del 21 de junio, teniendo al frente el reto de convertirla, entre todos, en la patria milagro que tanto necesitamos.
El gobierno que termina, del que no nos cabe la menor duda de que es el peor de la historia nacional, deja un país postrado, quebrado económicamente, entregado a los grupos criminales y con sus principales instituciones protectoras de las gentes literalmente acabadas, como es el caso del Icetex, de Mi Casa Ya, de Ser Pilo Paga, Familias en Acción, día sin IVA, Ingreso Solidario, Renta Ciudadana, etc.
Consideramos que el nuevo gobierno tiene que poner fin a esa sinvergüencería de gestores de paz, mecanismo que se inventaron para proteger a los bandidos de todos los pelambres.
Colombia termina en manos de las fuerzas guerrilleras y del narcotráfico, amparados y protegidos directamente por la Presidencia de la República ante la vista atónita, aunque pasiva, de todos quienes acabamos siendo víctimas del despelote que se montó.
Debilitaron, para compensar, al Ejército, eliminando a todos aquellos que estorbaban y acabando con la inteligencia militar, todo ello para proteger el accionar de las fuerzas narcoguerrilleras en desmedro del país nacional.
En materia económica, no solo dejaron la olla completamente raspada, sino que hasta se la llevaron, quedando nuestra economía en un estado deplorable y con un país endeudado hasta la médula de sus huesos, con unos intereses desbordados que tenemos que pagar entre todos.
Sin embargo, hoy empezamos a tener un país optimista, con una comunidad que intentará reponerse después de este tsunami y, por eso, el compromiso es convertirlo en un país milagro, en donde se gobierne para el bien de este y no para convertirlo en ese modelo político fracasado que se nos intentaba imponer.
Ahora bien, el esfuerzo debe ser de todos los ciudadanos y, cuando lo decimos, nos referimos a cada uno de nosotros, que debemos enfocar todos nuestros esfuerzos en rescatarlo de las manos criminales a las que se le ha entregado. Debemos acrecentar nuestro esfuerzo para lograr un desarrollo empresarial, tratando de reconstruir el sector, este que había sido desactivado con el simple argumento de que el gobierno era del pueblo y no de “los riquitos”, de los que tanto se hablaba.
Debemos reconstruir el modelo de salud, que bien o mal había funcionado y que, en lugar de corregirlo, lo llevaron al caos en que hoy se encuentra.
No más gobierno de corruptos, de esos que se roban hasta las humedades del suelo y que hicieron su fiesta en estos cuatro años.
No más burocracia inepta, de esa que solo sirve para devengar, convirtiendo el Estado en un monstruo insaciable imposible de satisfacer.












