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Columnistas
Viernes 26 de junio de 2026 - 01:00 AM

Mentira la verdad

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Qué alivio. Hemos sido liberados. Atrás quedaron esos insoportables debates presidenciales en los que los candidatos pretendían exponer ideas, cifras y planes de gobierno. Noventa minutos de argumentos, preguntas incómodas e insistencias del moderador para que alguien respondiera. Por fortuna, el país maduró.

La campaña nos dejó una lección que merece ser esculpida en mármol, uno de calidad, diferente al que usó Santos en 2010. Y es que, para ser presidente de la República de Colombia, la camiseta de la Selección en pleno Mundial vale más que cualquier programa de gobierno. Tan eficaz resultó la idea que un juez, en un arrebato de nostalgia ilustrada, decidió prohibirla. Por la tontería de que los símbolos patrios dizque son de todos.

El otro candidato, el de la izquierda, en primera vuelta se mostró como un monje tibetano, austero y estadista. Qué tal, un filósofo medio estoico gobernando un país esquizofrénico. Ni más faltaba. Optó por la elocuencia, por leer discursos y propuestas. No le bastó con sus años de mamertería escribiendo sobre un franchute llamado Foucault y el Toñito Gramsci, a quien Mussolini puso preso por comunista.

Como sintió que se quemaba, profundizó su campaña y acudió al gran público —a quien nunca se han de ofrecer perfumes delicados que le exasperen, diría Baudelaire—. Descubrió la síntesis K-popiana: un gesto del índice y el pulgar formando un corazón. Celebrado por los doctos del marketing político, la rompió. Pero no le alcanzó. Le ganó, por su complejidad, el “firmes por la patria”.

Las transmisiones más seguidas por los colombianos fueron los streamings —yo les decía influencers, qué ignorancia—. La primera, la de Westcol con Petro. Luego se fue con De la Espriella, no quiso verse con Cepeda y lo dejó vestido. En su defensa salió Yeferson Cossio, otro influencer. Millones conectados. Más audiencia que cualquier foro sobre déficit fiscal o política internacional. Infocracia, le dice el vulgo; nosotros le decimos creatividad.

Zuleta insistía —no Poncho ni Emiliano, sino Estanislao— en que la democracia verdadera era un ejercicio incómodo: convivir con el desacuerdo, escuchar razones ajenas y aceptar que el otro puede tener algo de razón. Qué esfuerzo tan innecesario. El país está en otro mood, tranquilo, suave y relajado… dicen.

Si no funciona el experimento de la patria milagro propuesto por nuestro presidente, no debemos preocuparnos; para ello elegimos en democracia a Wally Opina, Amaranta Hank, Lalis o JotaPe para hacer el control político, muero por ver esos debates. También espero el capítulo de la segunda vuelta de 2034 entre Westcol y Yeferson Cossio. Ya se ve venir esta rivalidad de visión de país. Desde ya anuncio mi voto por Westcol. Me hace reír más. Y en esta democracia, eso pesa. Quizás pese del todo.

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