Muchos dicen que los santandereanos trabajan como las hormigas: intensamente, de manera silenciosa, sin que nadie los vea y, por lo tanto, les hace falta cacarear más lo que hacen. Y tienen razón. La Visión Santander 2050, un trabajo ambicioso, no podía quedarse en la región. El país debía conocer los resultados de este ejercicio y, por eso, esta semana se llevó a cabo su socialización en Bogotá. La acogida fue impresionante. Fue muy grato ver a cientos de personas interesadas en conocer la apuesta de Santander para los próximos 25 años. Un encuentro de inversionistas, empresarios, representantes de la banca multilateral, santandereanos en Bogotá, estudiantes, servidores públicos, parlamentarios y líderes sociales, donde el foco fue el futuro del departamento.
“El éxito de Colombia pasa por Santander y Santander necesita a Colombia. El departamento es el oriente colombiano con sus 5 millones de habitantes y la puerta de entrada a Venezuela”, dijo David Gélvez, investigador de Fedesarrollo y director del proyecto Santander 2050. Pese a ubicarse en medio de las montañas y evidenciar profundas dificultades en materia de conectividad, Santander es la cuarta economía que más le aporta al país y juega, y jugará cada vez más, un rol esencial en garantizar la soberanía energética, el desarrollo de la intermodalidad, la prestación de servicios de calidad en educación, salud, turismo y tecnología, la generación de innovación agroindustrial, la protección de la biodiversidad y la gestión adecuada del agua.
Para Goddard y Proctor, “nosotros solo estamos limitados por la debilidad en la atención y por la pobreza de imaginación”. Con este ejercicio, Santander empieza a imaginar un futuro más grande que su pasado y ahora debe enfocar la atención y la energía en resolver los retos que se plantean a través de cada una de las 9 misiones de la Visión y de sus diferentes proyectos. Entre estos, hay 4 que son del orden nacional: el corredor Bogotá-Bucaramanga-Cúcuta, que está en fase 3; la navegabilidad del río Magdalena, también en fase 3; la vía férrea del Carare, en estudios de factibilidad; y la producción de hidrocarburos a través de yacimientos no convencionales, que ya cuenta con licencia ambiental.
El apoyo de la diáspora santandereana es fundamental con el fin de hacer realidad esta visión. Fue impresionante ver en el evento la generosidad y el compromiso de muchas personas que quieren contribuir al desarrollo de Santander. Un capital intelectual, económico y social que no se está aprovechando lo suficiente. ¿Cómo puede Santander fortalecer los vínculos con la diáspora? Un asunto que se debe abordar con datos, rigurosidad y estrategia.












