Esta sociedad, demasiado morbosa e hipócrita, alimentada por ese periodismo ligero que esconde los escándalos graves de los presidentes, olvida episodios como los de Julio César Turbay, dedicado al whisky, quien confundía las nalgas de un obispo con las de una mujer. En Cúcuta, durante una fiesta de 1981 en el Club del Comercio, bailó borracho, pidió a la orquesta que tocara El Polvorete y luego se cayó al piso.
En ese mismo gobierno, el procurador general, Guillermo González Charry, que usaba el corbatín de manzanillo, como Turbay, adjuntó documentos falsos para el trámite de su pensión; y su superintendente bancario, Francisco Morris Ordóñez, dejó quebrar veinte entidades financieras. Fue la época de don Félix Correa (así le decían sus áulicos), quien captaba dinero del cartel de Medellín con Furatena, su empresa, y que compró el Banco Nacional. Tenía un ojo de vidrio y fue compositor de canciones. También fue la época del jefe de inspectores de la Superintendencia Bancaria, quien recibía sobornos de las entidades vigiladas. Recibió el soborno más alto registrado hasta la fecha: 4.150.000 pesos, entregados a sus suegros. Asimismo, Aníbal Martínez Zuleta, contralor general de la República, fue condenado por recibir sobornos del Banco del Comercio.
Con López Michelsen pasó lo mismo. Tuvo como ministro de Justicia a Santofimio; a Humberto Salcedo Collante, ministro de Obras Públicas, quien solo contrató con su socio Salomón Náder; y al ministro del Trabajo, Óscar Montoya Montoya, quien tuvo que renunciar porque desde su despacho se hicieron llamadas relacionadas con un contrabando de café y quien afirmó: «Ese ministerio es para robar». A Rojas Pinilla lo llamaban “Uña Larga”. Gobiernos austeros fueron los de los Lleras y el de Guillermo León Valencia. Entonces sí se puede gobernar con austeridad, como lo hizo Bolívar, que terminó pobre y con camisa prestada.
En cuanto a los escándalos a nivel mundial, nadie se salva: el caso Clinton-Lewinsky, más conocido como el “asunto de la manch”. Aquí muchos pierden los estribos con el último gobierno, pero en su momento no se rasgaron las vestiduras por los escándalos de algunos expresidentes.
“Se necesitarían enciclopedias: Calígula y sus orgías; Julio César y su romance con Cleopatra; el papa Borgia y sus incestos; Jefferson y su esclava negra; ya entrando en Colombia, la Marichuela y el virrey Solís (quien después se arrepintió y se metió de cura); el general Mosquera, que huyó a Nueva York con su mulata, quien después lo dejó; Rafael Núñez y su matrimonio civil, sin divorcio, con Soledad Román, y vivieron ‘felices’ en Cartagena. La historia sigue”.












