Publicidad

Columnistas
Jueves 17 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Amor y amistad

Compartir

Hay personas que llegan a nuestra vida para acompañarnos un momento, y hay otras que, sin hacer demasiado ruido, terminan convirtiéndose en parte de nuestra historia.

Con los años he entendido que no soy de hablar con mis amigos todos los días. No necesito preguntar constantemente cómo están ni estar presente en cada momento de sus vidas para saber que existe un vínculo. Hay amistades que no necesitan conversación diaria para mantenerse intactas. Mis amigos saben que, aunque a veces pase tiempo sin escribirles, si algún día me necesitan, voy a estar ahí. Porque para mí la amistad no se mide por la frecuencia de los mensajes, sino por la certeza de saber que podemos contar el uno con el otro cuando realmente importa.

También he aprendido algo sobre el amor: no amo a muchas personas, pero cuando amo, amo de verdad. No soy de entregar ese sentimiento a cualquiera ni de llamar amor a cualquier vínculo. Para mí, amar implica comprometerse, cuidar, respetar, acompañar y estar dispuesto a permanecer incluso cuando las cosas no son fáciles.

Amar y ser amigo de alguien no consiste solamente en compartir los días buenos. Se trata de estar cuando las cosas se complican, de aprender a escuchar incluso cuando no estamos de acuerdo, de saber pedir perdón y, sobre todo, de elegirnos una y otra vez desde la libertad y no desde la obligación.

Con los años uno descubre que el amor no se mide por la cantidad de palabras bonitas, sino por la tranquilidad que alguien nos genera. Que una verdadera amistad no necesita presencia permanente para existir, porque hay vínculos que pueden pasar meses sin verse y, cuando se encuentran, simplemente continúan donde quedaron.

También aprendemos que las relaciones perfectas no existen. Existen personas que deciden cuidarse, respetarse y trabajar por aquello que han construido. Porque cualquier vínculo importante tendrá diferencias, momentos difíciles y heridas. Lo que marca la diferencia es qué hacemos después de ellas.

Quizás por eso Amor y Amistad no debería ser solamente una fecha para regalar flores, chocolates o escribir mensajes. Debería ser una oportunidad para preguntarnos si estamos cuidando realmente a las personas que queremos.

Porque al final, cuando pasan los años, lo que permanece no son los regalos ni las fotografías. Permanecen las conversaciones que nos salvaron de un mal día, los abrazos que llegaron cuando más los necesitábamos, las risas que todavía recordamos y la certeza de haber compartido nuestra vida con personas que hicieron que el camino fuera un poco más bonito.

Porque amar también es cuidar. Y ser amigo, muchas veces, es una de las formas más bonitas de amar.

Probablemente mientras leías estas palabras pensaste en alguien, quizás este sea el momento de regalárselas.

Envíale esta columna.

Dile simplemente: “Pensé en ti mientras la leía”.

Tal vez esa persona necesite recordar que, aunque no hablen todos los días, aunque la vida los lleve por caminos diferentes o aunque no siempre encuentren las palabras para decirlo, hay personas que tienen un lugar permanente en nuestro corazón.

Porque a veces el mejor regalo de Amor y Amistad es hacerle saber a alguien:

“No siempre estoy cerca, pero cuando me necesites, aquí voy a estar. Y si te amo, puedes tener la certeza de que te amo de verdad”.

Esta columna, hoy 17 de septiembre, es dedicada a Lucca José, un niño que partió hoy, hace 4 años, a encontrarse con Dios y fue una personita que amé de verdad.

Bienvenidos a la clínica del alma.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día