Los resultados de PISA 2025 plantean una pregunta incómoda a la educación colombiana: ¿estamos enseñando a los jóvenes a pensar?
PISA, el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes de la OCDE, evalúa a jóvenes de 15 años para determinar en qué medida pueden utilizar los conocimientos y habilidades adquiridos para afrontar situaciones y desafíos de la vida.
En lectura, PISA 2025 adopta una definición especialmente exigente: “la competencia lectora es la comprensión, el uso, la evaluación, la reflexión y el compromiso con los textos con el fin de alcanzar las metas propias, desarrollar el conocimiento y el potencial personal y participar en la sociedad”.

Comprender supone construir significado e integrar información. El uso exige buscar y seleccionar información pertinente. Evaluar implica juzgar la calidad y credibilidad de las fuentes. Reflexionar demanda relacionar el texto con los propios conocimientos y examinar su contenido, estructura y propósito.
PISA evalúa procesos cognitivos: localizar, seleccionar, comprender, inferir, integrar, relacionar, evaluar y reflexionar, lo que hace el estudiante con la información y cómo piensa a partir de ella.
Aquí aparece el dato más preocupante de Colombia: solo el 46 % de los estudiantes alcanzó el nivel 2 o superior. El 54 % de los jóvenes de 15 años permanece en niveles inferiores al que PISA considera básico para desempeñarse competentemente en lectura. Una parte importante se concentra en los niveles 1a y 1b, caracterizados por tareas relativamente sencillas: localizar información explícita, reconocer el tema o propósito de textos simples y establecer conexiones cuando hay pistas claras. En el otro extremo, apenas el 1 % alcanza los niveles superiores de desempeño.
Ese 54 % revela que demasiados jóvenes llegan a los 15 años sin haber consolidado procesos de pensamiento indispensables para enfrentarse de manera autónoma a textos e información complejos.
Las consecuencias afectan el aprendizaje. Comprender, inferir, relacionar y evaluar son procesos necesarios para interpretar un problema matemático, comprender una explicación científica, contrastar versiones de un acontecimiento, valorar argumentos y tomar decisiones informadas.
Vivimos, además, en un mundo complejo, cambiante y saturado de información. Redes sociales, algoritmos, desinformación y la inteligencia artificial multiplican textos, imágenes y afirmaciones que exigen lectores capaces de seleccionar, contrastar y evaluar su credibilidad.
La tarea de la escuela es urgente: todas las áreas deben enseñar a pensar mientras se lee. Formular preguntas, hacer inferencias, relacionar ideas, contrastar fuentes, identificar evidencias y reconocer contradicciones, evaluar la credibilidad y argumentar.
Una escuela centrada en el desarrollo de estos procesos prepara a los jóvenes para comprender y participar críticamente en el mundo que les corresponde vivir.
Hoy, enseñar a leer es enseñar a pensar.










