En columnas anteriores he citado fuentes acreditadas que confirman que las enfermedades y muertes ocasionadas por la contaminación externa y en interiores del aire tienden a aumentar con el paso de los años en Colombia y en casi todos los países del mundo. La crisis climática, además de los desastres que ocasiona, es uno de los principales factores que agravan la contaminación del aire.
La OMS señala: “Los incendios forestales son incendios que se propagan sin control. Pueden deberse a la actividad humana y verse agravados por condiciones meteorológicas adversas. Debido a la ampliación de las zonas propensas a sufrirlos, también aumenta el riesgo de que afecten a edificaciones e infraestructuras, como carreteras, viviendas, tendidos eléctricos y otras instalaciones. Debido al cambio climático, la frecuencia y la gravedad de los incendios forestales están aumentando en todo el mundo. Amenazan cada vez más la vida de las personas y los ecosistemas, por la destrucción de bosques, viviendas y otras consecuencias. La contaminación causada por el humo puede extenderse por regiones enteras e incluso atravesar fronteras nacionales. El humo de los incendios forestales perjudica gravemente la salud humana en el mundo, pues provoca un empeoramiento rápido y considerable de la calidad del aire”.
Franceinfo (agosto 8/2026) señala: “El ozono, corrosivo para los ojos, la nariz y el sistema respiratorio, es un gas que requiere vigilancia. Sus niveles han superado los recomendados debido a las olas de calor. La contaminación por ozono se ve exacerbada por la ola de calor. Cuando hace mucho calor, los contaminantes liberados por el tráfico y la industria se transforman en ozono. Es una reacción química conocida: el calor y la luz solar aceleran la formación de este gas corrosivo. Irrita los ojos y la nariz, y, en algunos casos más graves, puede provocar problemas respiratorios y ataques de asma. Debido al cambio climático, estos episodios son cada vez más frecuentes, lo que convierte a 2026 en un año excepcional”.

Global Witness señala: “Durante la ola de calor sin precedentes que azotó la Unión Europea a finales de junio 2026, casi 300 millones de personas podrían haber estado expuestas a niveles peligrosos de ozono. Más de 100 millones de jóvenes y ancianos en la UE estuvieron expuestos a la peligrosa contaminación por ozono durante la ola de calor. Mientras los europeos soportaban un calor extremo sin precedentes, cientos de millones de personas también estuvieron expuestas a niveles peligrosos de ozono, un compuesto que se forma cuando los contaminantes de los combustibles fósiles se mezclan a altas temperaturas. El ozono puede dañar los tejidos pulmonares y desencadenar ataques de asma, especialmente en jóvenes y ancianos. Estudios científicos han demostrado que también reduce el rendimiento de las cosechas de trigo”.











