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Miércoles 19 de agosto de 2026 - 01:00 AM

La tragedia que puede unir a Colombia

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El pasado 10 de agosto, cuando el Presidente Abelardo de la Espriella y sus ministros ingresaban a sus despachos para iniciar el primer día hábil de su Gobierno, recibieron una noticia que nadie podía imaginar: un terremoto había causado graves daños en el occidente del país, afectando a más de 120.000 familias.

Sin haber podido completar el necesario empalme con sus antecesores, los nuevos funcionarios debieron enfrentar, desde el primer día, una de las mayores emergencias de las últimas décadas. Y lo que siguió fue, quizá, la mejor respuesta que podía ofrecer Colombia: la solidaridad de todo un país.

Las ayudas no se hicieron esperar. Han llegado de dentro y fuera de Colombia, de personas de todas las edades y condiciones, en dinero, alimentos, insumos y, sobre todo, tiempo y voluntad de servir. Son conmovedoras las escenas de heroísmo de médicos, enfermeros, bomberos, voluntarios y rescatistas. También merece reconocimiento el liderazgo de alcaldes y gobernadores, que han asumido sus responsabilidades con eficiencia y compromiso.

La primera alocución presidencial fue oportuna y necesaria. El país necesitaba información precisa, directrices claras y, sobre todo, sentir que existía un gobierno al frente de la emergencia. Las cifras son estremecedoras: 455 municipios afectados en 15 departamentos, 289 fallecidos, 4.187 heridos, 143 desaparecidos, 27.000 viviendas destruidas y 127.000 averiadas. También fueron afectados 285 centros de salud y 2.838 instituciones educativas. La reconstrucción podría demandar cerca de 30 billones de pesos.

El Gobierno ha anunciado el Fondo Milagro, inspirado en el FOREC que permitió reconstruir eficazmente el Eje Cafetero después del terremoto de 1999. El desafío será convertir esa iniciativa en una reconstrucción transparente, eficiente y ajena al clientelismo.

Pero hay una lección todavía más importante. La tragedia ha demostrado que Colombia puede unirse cuando existe un propósito superior. El Gobierno debe preservar ese espíritu y trabajar hombro a hombro con alcaldes y gobernadores, independientemente de su filiación política. También debe entender que gobernar exige construir acuerdos. El país necesita un Ejecutivo capaz de dialogar con el Congreso, los partidos, las regiones y el sector privado, sustituyendo la confrontación por la cooperación.

Los empresarios reunidos en la asamblea de la ANDI dieron una demostración extraordinaria: en apenas dos días recaudaron 201.000 millones de pesos para los damnificados.

Que esta tragedia no deje solamente dolor y pérdidas. Que nos deje también una certeza: la verdadera fortaleza de Colombia está en su capacidad de solidarizarse y trabajar unida. El Gobierno tiene ahora la responsabilidad de convertir esa solidaridad en un propósito permanente de unidad nacional.

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