A partir de 1991 la hegemonía del imperio estadounidense se hizo realidad gracias los poderes económico, comercial, político, ideológico, diplomático, tecnológico, científico y militar. Sus aliados, sometidos mediante imposiciones, cambios de régimen, bloqueos, sanciones y guerras, consolidaron un poder global indiscutible. El papel de los países de América Latina pasó a ser secundario. En la medida que el imperio mostraba su cara amable favoreciendo la descolonización y promoviendo con retórica la democracia, el libre mercado, los derechos humanos, los europeos fueron desindustrializando su economía y entregando su soberanía a cambio de la protección militar. El control del sistema financiero anglo americano con gran influencia de llamado lobby judío tanto en la “City de Londres” como en Wall Street, fue ganado terreno y poder hasta controlar los congresos y ejecutivos de los países de occidente, mientras el dólar reinaba de manera absoluta como moneda de referencia y medio obligado de todas las transacciones comerciales con valor específico en el comercio del petróleo. Es de tontos desconocer la fortaleza del imperio en su poderío económico y militar ahora y en el futuro, tanto como sería ingenuo desconocer su declive, el que viene mostrando su cara desde hace un par de décadas. Trump y lo que representa, se ha visto obligado a hacer evidente el talante imperial que muestra que ni los derechos humanos, ni la democracia, ni el libre mercado, ni el derecho internacional importan, y que sus intereses, y los que representa Netanyahu, priman sobre los de las demás naciones que deben acatar so pena de bloqueos, aranceles, genocidios o guerras. Las guerras de la OTAN y Ucrania contra la Federación Rusa y la de Estados Unidos e Israel contra Irán, han dejado ver la incapacidad de imponer supremacía desde el aire y desde el mar, más allá de los bloqueos, con una armada y un ejército en problemas y una fuerza aérea con limitaciones para librar las guerras del siglo XXI. Mientras los BRICS avanzan en una arquitectura financiera que desconoce el dólar, éste se debilita ante la necesidad de hacer competitiva la economía del imperio que afronta un incremento insostenible de la deuda federal. Los bonos del tesoro aumentan sus tasas de interés con una economía que crece, pero con tendencia concentradora en el 1% de los más ricos. El déficit fiscal es 1.9 billones y Japón, el cajero automático del imperio está en crisis. Los restos se juegan a la Inteligencia Artificial. La inflación sube, el conflicto social aumenta, la tendencia MAGA se fractura, los socialistas demócratas adquieren mayor influencia, y todo indica que el cambio de régimen que se pretendía producir en Irán y Rusia está más cerca en Estados Unidos, a medida que el mundo multipolar se consolida, así nos cueste trabajo encontrar la información.











